Yako Muñoz, el auténtico P-Boy

Es viernes por la tarde. Hace un día tremendamente lluvioso de invierno al que no están acostumbradas las calles de Madrid. Y mientras me dirijo a la parada de metro de Lavapiés, voy esquivando charcos siguiendo el compás del ritmo que Sholo Truth dibuja en el himno underground que representa ‘Política’, para la escena hip hop nacional. En unos soportales cercanos me espera Yako Muñoz, vestido de Polo Ralph Lauren y equipado con una mochila llena de discos y unos cuantos libros que vende de manera ambulante. Después de saludarnos, nos dirigimos al bar más cercano para entablar una conversación que durará casi dos horas, en las que diseccionaremos todas las temáticas vitales y artísticas que atraviesan su obra y su biografía.

Fotografía: @jeosmphoto

Para mí, y para otros muchos jóvenes nacidos en los 90, la figura de Yako Muñoz resulta imprescindible para entender la historia y la evolución de la música y la cultura hip hop en este país. Y desde las primeras frases que enlaza con su característico tono de voz al inicio de la entrevista, toda la sabiduría y el street knowledge que posee se hace evidente en su discurso. Porque Yako, el auténtico e inimitable Play Boy de la escena española, es mucho más que un artista musical adelantado a su tiempo. Y si a este personaje se le pudiese catalogar de algún modo concreto, debería ser como intelectual y erudito de la cultura hip hop en todas sus dimensiones.

Nacido a principios de los 80 en la periferia madrileña de Coslada, esta célula durmiente criada dentro de la cultura española de la transición rebosa una capacidad de análisis e interpretación de la cultura contemporánea que por momentos parece situarlo más cerca de la academia que de las esquinas y los puntos marginales que han dado significado al contexto urbano del que surge. “Nosotros cuando empezamos a hacer movidas en los 90 ya estaba todo roto, por decirlo de algún modo” (“Mira a tu alrededor/No hay unidad, puta” decía el propio Yako al inicio del banger antes mencionado en el que colabora con otro mítico de la escena madrileña como Chinaka). Todas las diferentes culturas urbanas estaban enfrentadas. Los punkys por un lado, los rockeros por otro, y las movidas así más pop por otro lado. La heroína ya estaba en su momento más descontrolado, la crisis económica afectaba a toda la peña y las cosas estaban en un punto realmente jodido”. Pero es precisamente en este contexto en donde aparece el caldo de cultivo necesario para la gestación de una cultura marginal como el hip hop. “El hip hop al final no inventa nada, ¿sabes lo que te digo?, sino que pilla fragmentos y vainas que ya estaban ahí en la cultura y les da un nuevo sentido acorde con los nuevos tiempos, porque todo está cambiando todo el rato. Y al final es una música que habla de la mierda que hay en la calle, en la sociedad, y el resto son historias que quieren vender humo”.

“Nosotros al final lo que hicimos fue entrar a saco en la industria que había en aquel momento y reventarla desde dentro”.

Esta posición en la que se enmarca Yako Muñoz a la hora de comprender la realidad de esta escena musical lo ha alejado paradójicamente de la gran mayoría de raperos de su generación, quienes aludían constantemente a una supuesta unidad cultural que en España nunca ha existido, y que ha generado un relato idealizado sobre lo que es y sobre lo que no es el hip hop dentro de nuestras fronteras. Pero además de estas diferencias interpretativas, Yako siempre se ha distanciado del dogma nacional a nivel estético y a nivel lírico en todos los sentidos. Para mi el ámbito lírico siempre ha sido muy importante, pero claro, en los 2000 estaban todos los raperos top de Spain del momento decidiendo qué era poético y qué no lo era, y generaron un discurso lleno de mierda que condicionó mucho al público en ese sentido. Yo respeto todo y a todo el mundo, no sé si me entiendes, pero en ese momento la “élite” de la escena estaba haciendo unas mierdas terribles y la peña no se coscaba de nada. Y con esto no me refiero a que el Yako fuese aquí un iluminado especial de la movida. Yo era una célula durmiente más, pero había otras muchas. Y quien escuchase en aquella época al Elsso, a los Herméticos, a Guante Blanco, a Chirie y a la peña de GP sabe a lo que me refiero”, reflexiona Yako Muñoz mientras se toma su café. “Nosotros al final lo que hicimos fue entrar a saco en la industria que había en aquel momento y reventarla desde dentro. No nos llevamos jurdeles prácticamente, pero esa cuestión de haber sido un poco los pioneros de toda esta escena que ha salido en los últimos años es un orgullo la verdad”.

No deja de resultar curioso que una figura tan revolucionaria y adelantada como la suya haya pasado prácticamente desapercibida para el mundo de la cultura musical que no estuviese inmersa en el underground de la época. Pero lejos de lamentarse por este habitual olvido de los márgenes de la historia, asume de manera estoica esta condición y valora su legado. “Yo sé que he influenciado a mucha peña, y eso ya es un halago para mí. Que me vengan chavales que han estudiado biología, derecho o arquitectura y me digan que el Yako fue un referente para ellos es la polla. Y además, siempre ha habido artistas que me han dado crédito, especialmente en las nuevas generaciones. Gente como el Ceci, el Pucho, Ébano, el Márkes, Skyhook y Pedro Ladroga siempre han tenido palabras de amor para mí. Y eso es algo que reconforta. Pero vamos, que también ha habido peña, y no voy a decir nombres, que me ha vetado de sitios y se ha negado a participar en movidas si estaba yo. A mi me da igual porque soy un hombre de paz, un hombre de Dios, pero esas actitudes te demuestran como funcionan las cosas en este mundo lleno de oportunistas y lameculos”. “Porque al final, si te soy sincero”, concluye Yako, “a mi esta movida me ha servido para darle un sentido a mi vida, que es algo mucho más importante. Yo con el hip hop le puede dar un sentido a mi existencia, y sin esta movida habría sido como cualquier otra persona, me habría caído en el camino muchas veces, me habría levantado, y en el trayecto habría perdido una pierna o un brazo por circunstancias de la vida”.

En esta búsqueda del sentido de la existencia humana en la época contemporánea, Yako Muñoz ha generado un itinerario musical muy particular que lo ha llevado a deambular por la inmensidad sonora que representa la escena hip hop norteamericana. Y es que a pesar de ser uno de los máximos referentes del sonido underground madrileño de los 2000, caracterizado a menudo por ese aura gris y contundente inspirada en la estética genuina de New York y de la Costa Este, el de Coslada siempre ha estado transitando líneas de sonido no mayoritarias incluso dentro de los movimientos más marginales. “Yo es que cuando estaba empezando en esta movida era cuando comenzaba a despuntar todo el sonido de la WestCoast, con N.W.A, 2Pac y compañía. Aunque quizás a mí personalmente me marcó más el sonido propiamente de la Bahía y no tanto el de LA en aquel momento. También pillamos muchas cosas del sonido sureño que en los 2000 empieza a situarse en el mapa, con peña como con el primer Scarface y así, porque en Coslada la peña siempre ha estado muy al loro de todo lo que iba saliendo la verdad. No sé, es difícil hablar en términos concretos, porque al final influencias he tenido muchas, y dependiendo de la hora y del día te puedo decir unas u otras a nivel de importancia. Pero sin duda lo que más he valorado siempre de USA y de su escena es esa posibilidad que existe de encontrarte con un tipo buenísimo perdido en cualquier pueblo del interior de ninguna parte y alejado de las escenas y los focos dominantes. Ahí es donde está la esencia de esta música, por decirlo de algún modo”.

Yo con el hip hop le puede dar un sentido a mi existencia, y sin esta movida habría sido como cualquier otra persona”.

Esa esencia vinculada con la realidad de las células durmientes musicales, perdidas y dispersas por cualquier punto del mapa, siempre ha sido una constante en su carrera musical y personal. Pues en su extensa trayectoria, Yako Muñoz no ha dejado de relacionarse con colectivos y artistas de diferente calado y estilo. Pero en cierta medida, él siempre se ha mantenido al margen de las dinámicas grupales y los círculos sociales en donde se configuran las redes de poder que dan vida a este “juego”, como una especie de llanero solitario de la escena musical nacional. El precio a pagar por esta forma de vida errática ha sido en muchas ocasiones el ostracismo. Pero a cambio, ha gozado de una libertad creativa y vital que le han permitido llevar a cabo todos sus proyectos desde una dimensión autónoma dentro de un juego regido por leyes y pactos grupales que en última instancia legitiman el sonido y el gusto válido del público. Y este aspecto siempre ha estado muy presente en su producción musical, pues a la hora de experimentar con cadencias musicales y registros vocales novedosos, Yako Muñoz ha buscado deliberadamente formas de expresión vanguardistas y diferentes a pesar de que el público mayoritario y la escena del momento no estuviesen preparados para valorar su música en todo su esplendor.

La pregunta en este punto es inevitable, ¿cómo puede un jugador solitario sobrevivir dentro de este ‘juego’ tal y como está diseñado? ¿A cuántos hándicaps y tensiones debe enfrentarse para intentar salir airoso en la partida? “Es complicada esta cuestión hermano, porque al final el ‘juego’, como la vida misma, siempre está cambiando constantemente. De hecho se puede observar como ahora, con el nuevo paradigma que está suponiendo la movida del “trap” y así, los artistas están perdiendo un poco esa dimensión de observador y narrador de la realidad que viven con respecto a otras épocas. Se están metiendo mucho más dentro de la movida que viven, y eso les resta de algún modo capacidad de transformación, ¿sabes lo que te digo? Por ejemplo, con el tema de la droga, se están produciendo una serie de discursos sobre el consumo de drogas y así que están enalteciendo de algún modo la figura del yonki. Y yo que sé, el yonki merece todo el respeto del mundo, por supuesto, pero ser un yonki al final es una putada y no es algo que se deba idealizarse. El mundo y el sistema están cada vez más dentro de nosotros, lo tenemos todo mucho más interiorizado, y nos están forzando a vivir interpretando papeles todo el rato que a lo mejor no son los que queremos. Ya no podemos ser normales, no nos dejan ser normales”.

La postura del ‘jugador’ que ha escenificado Yako Muñoz a lo largo de su trayectoria es más que una simple interpretación artística. Pues realmente el concepto del “player” que de manera brillante ha adaptado a las características de la cultura española moderna contiene una infinidad de elementos políticos y éticos que dan sentido a su obra, y que resultan fundamentales para entender la profundidad del pensamiento que hay detrás. Porque no importa simplemente el hecho de sobrevivir en este mundo, sino que es vital el cómo se lleva a cabo este ejercicio de supervivencia, especialmente si se tiene en cuenta lo resbaladizo e inestable del mundo contemporáneo, donde todos los sólidos de nuestra existencia parecen estar constantemente desmoronándose. El ‘jugador’ no es solo un buscavidas que se enfrenta a la nueva y salvaje realidad urbana capitalista, es además un ser humano que tiene la necesidad de establecer vínculos con otros seres que le rodean dentro de una dinámicas terriblemente individualistas y competitivas. Y a lo largo de toda su discografía (disponible de manera íntegra en su cuenta de bandcamp), Yako Muñoz expresa las contradicciones de esta existencia moderna al mismo tiempo que experimenta musicalmente con una gran cantidad de cadencias y registros sonoros que no dejan de tender puentes entre la realidad americana y la realidad española en esta época caracterizada por la globalización económica y cultural.

Fotografía: @jeosmphoto

Con casi 40 años, Yako Muñoz sabe que su época dorada dentro de la música está llegando a su ocaso, especialmente si se tiene en cuenta la vinculación de este género musical con la juventud. Pero también sabe que todavía quedan muchos senderos que descubrir y que conquistar. “Yo cuando era más joven estaba a otras cosas la verdad, porque aquí en esta música todavía no había el dinero que puede haber hoy. Tenía mis movidas y curraba en Coslada en una fábrica de discos, en donde habían grabado los Chunguitos, Lola Flores y artistas de mucho nivel de aquella época. Yo sé que me adelanté a mi tiempo, y que ahora mismo no puedo entrar dentro de unas dinámicas regidas por peña más joven que tiene otros intereses diferentes. Pero también sé que me queda mucho recorrido dentro del juego. No voy a dejar de producir música o de escribir porque es algo que ya forma parte de mi persona. Y además hay nuevos caminos que todavía están por abrirse. Porque al final la peña que hemos crecido con esto en España ya no somos tan chavales. Los niños han crecido y ya hay gente de 40 o 50 palos que se ha educado dentro de esta cultura, y hay muchas formas de expresión por descubrir. Literatura, estudios historiográficos y culturales serios sobre el asunto, programas de divulgación etc. Ya se están empezando a ver movidas en este sentido, y yo creo que va a ir en aumento esta tendencia. Tengo muchos proyectos entre manos que tienen que ver con la literatura, con la poesía o con los podcasts, y que van a suponer una nueva etapa en mi trayectoria más allá de la música”.

Después de una larga y profunda conversación en un bar cualquiera de Lavapiés, Yako y yo nos despedimos deseándonos suerte de cara al futuro. Y con su mochila llena de libros y copias de su último trabajo ‘Well Know Maccs’, producido junto con Dr. Navarro, el de Coslada se mete en la boca de metro dispuesto a hacer y deshacer por enésima vez una ruta bajo suelo que lleva toda la vida recorriendo. Hay muchas cosas que cambian en este mundo, pero hay otras que parece que se mantienen intactas. De cualquier modo, estoy convencido de que un ‘jugador’ como Yako Muñoz no va a necesitar suerte, pues un buscavidas como él se la va a poder apañar siempre aunque la suerte no siempre acompañe.

Apolo Oulios
Sobre el Autor / Apolo Oulios

Precario de la crítica cultural, amante de la música hip hop y sus bifurcaciones bastardas y gourmet de la marihuana. Desde los márgenes y para los márgenes.