Toy Story 4: Hasta el infinito de la genialidad y más allá

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Escrito por Gelo Nutopía

A finales de 2014, se anunció el proyecto de una nueva película de Toy Story y el mundo fue un poquito más feliz. El pasado 21 de junio, casi una década después del supuesto final de la franquicia, llegaba a nuestras carteleras Toy Story 4 (Josh Cooley), la última entrega de lo que hasta hace no mucho, podíamos considerar como la mejor trilogía de animación de la historia del celuloide. Ahora tendremos que redefinirla como la mejor tetralogía de animación de la historia del celuloide. Y soñamos despiertos con que llegue a ser una futura saga mágica e inagotable de historias de los muñecos creados por Disney-Pixar.

En todo este proceso de creación animada durante 25 años, muchos son los nombres propios que se han involucrado para bien y para mal en el proyecto hasta la actualidad. Primero, está la figura de su director y creador, John Lasseter, acusado en 2017 de tener las manos largas y un lenguaje tóxico-abusivo durante años con sus empleadas. Después de pedir perdón vía comunicado oficial y retirarse un tiempo, el año pasado rescindió su contrato y fichó por Skydance Animation. Pero mucho antes de toda esta mierda, aún sin saber el descenso a los infiernos que le esperaba en el siglo XXI con el #metoo, este tipejo de sonrisa extensa y camisas llamativas, luchó a principios de los 90 contra el gigantesco imperio de Walt «Frigopie» Disney y sus directivos, para que apoyasen la producción de Toy Story, un ilusionante proyecto, en principio mediometraje, que funcionaba como spin-off del short film de 5’ sobre un juguete y un bebé creepy, titulado Tin Toy (1988), un Pixar que hasta esa fecha solo había producido cortos y que necesitaba el dinero y la distribución de Disney, casi tanto como Disney necesitaba el software RenderMan, utilizado por Pixar.

Y por allí se encontraba ejerciendo de mediador un Steve «Manzanita» Jobs, que había comprado a un George Lucas, la división gráfica de su productora Lucasfilm, llamada por entonces, The Graphics Group. Después de adquirirla, Jobs la estableció como empresa de animación independiente y pasó a ser conocida como Pixar. Finalmente en 2006 la compañía de la lamparita fue engullida por el ratón a cambio de unos 7.500 millones de dólares. Que eso te da para un par de bocatas.

Siempre Toy Story, nunca InToy Story

He de confesar que no soy ni objetivo, ni imparcial escribiendo este artículo. Me declaro groupie de todo el universo de los juguetitos de Pixar, propiedad de Andy y ahora de la encantadora Boonie. Soy culpable de ser fan de sus historias y sus aventuras, de su calidad técnica, su hiperdetallismo, su filosofía y su mensaje a lo largo de todas las cintas. Fiel a cada nuevo personaje que se une y complementa al reparto. De su humor inteligente y bien integrado. Es el glutamato monosódico de la animación, una saga tan adictiva como tomar cucharadas de placer puro sin cortar y poder repetir gratis las veces que quieras.

En 1995, pasaba algo que cambiaría las reglas en el mundo del cine de animación como lo conocíamos hasta ese momento, se estrenaba Toy Story, el primer largometraje animado enteramente por ordenador de la historia del cine. Y ya lo comenté en el artículo de Sausage Party (2016), la idea era sencillamente genial, dotar de sentimientos a los muñecos, y hacer que nos identificáramos con los miedos y los problemas existenciales de unos objetos inanimados. Luego llegaba Toy Story 2 (J. Lasseter, Ash Brannon y Lee Unkrich, 1999), que engrandecía la franquicia y dejaba abierta la puerta a que se alcanzara la perfección absoluta, como así fue, con Toy Story 3 (Lee Unkrich, 2010) que lo ganó todo y en especial nuestros corazoncitos, cerrando la saga de manera inmejorable. Bueno, realmente solo existía una forma de mejorarlo, no ponerle fin, y eso es precisamente lo que han hecho. Chapó.

Por qué, cuando parecía que no podrían superarse a ellos mismos y que solo podríamos recurrir al dvd-bluray, para resignarnos a ver en bucle la trilogía y sumergirnos en la nostalgia del recuerdo ya vivido de las aventuras de Woody, Buzz, Jessie y compañía… pues va Disney-Pixar y decide que mejor nos hace otra película que reúna todos los elementos de las anteriores cintas pero con una historia nueva, y sobre todo con un personaje nuevo. Forky. Solo hay que tener imaginación y querer jugar, el resto lo ponen ellos.

¿Qué es un juguete sin niños? ¿De qué sirve? ¿Cuál es la finalidad en la vida de un muñeco si no pertenece a los niños? Estas y otras preguntas son reiterativas a lo largo de todas las entregas de esta aventura animada, pero también surgen otras nuevas. ¿Qué es un juguete libre que decide no ser poseído por un solo niño, sino que, elige ser poseído por muchos y diferentes cada día? ¿Es eso una orgía? ¿Puede un juguete ser nómada? ¿Puedo haber escrito esto último? ¿Nómada? ¿En serio?. Y es que en este nuevo capítulo y como ya anuncia su portada, volveremos a saber de la vida de la pastorcita-lámpara, Bo y sus tricéfalas e inseparables ovejas, a las que perdimos la pista entre la segunda y la tercera parte. Bo Peep, es uno de los guiños al empoderamiento femenino que tiene la cinta, mostrándonos una renovada figurita de porcelana de armas tomar, que se cura sus propias heridas, lleva pantalones y se busca la vida por libre, sin ataduras, comandando una especie de ejército de muñecos mendigos, con ligero sabor adaptado a una nueva versión de, Peter «Cyberpunk» Pan y la feria de los juguetes perdidos.

Toy Story 4, una road movie deliciosa, donde nuestros amiguitos se van de viaje con la niña Boonie, que muestra como nadie esa edad mágica en el limbo de las responsabilidades previas a la guardería-colegio, donde los peques crean su universo a mitad de camino entre lo real y lo ficticio y juegan en su mundo, del que despertarán, años después al crecer. Luego jugarán en otros mundos creados por guionistas y programadores, a través del mando de una consola. Otros crecerán y seguirán confundiendo realidad y ficción, los llamaremos políticos o locos y ambos deberían estar encerrados. Lo que sí debería existir, son más adultos con la capacidad de jugar e imaginar sin los complejos de la edad y del realismo decadente de la sociedad actual. Para ello siempre contaremos con la ayuda de nuestros queridos muñequitos. Y sobre todo de Woody.

WOODY,  EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO

Todo ha girado siempre en torno a Woody, ese vaquero leal y valiente, con una serpiente en su bota desde el siglo pasado, pobrecito y que nos cautivó por poner de lado su propio bienestar para ayudar a los demás. Aunque a algún directivo de Disney en las primeras lecturas de guion en el 95, Woody le pareció un imbécil. Y puede que ahora también se lo siga pareciendo. Quizá los imbéciles eran ellos, millonarios, pero imbéciles. Luego se demostró que muchos directivos no comprendían el termino lealtad si no iba acompañado de muchos millones de dólares detrás. Pero Woody no necesita dinero, solo necesita encontrar su lugar en el mundo, mientras cuida de que ninguno de los juguetes se extravíe, siempre pendiente de que el grupo se mantenga unido, indivisible ante las amenazas externas, como el guardián entre el centeno que protege a los pequeños que corretean y juegan demasiado cerca del acantilado para evitar que se despeñen, a veces poniendo en peligro a unos para salvar a otros.

Y en este caso, no será diferente, Woody que no pasa por su mejor momento personal, tendrá la obligación moral de hacer caso a su voz interior, y eso suele ir acompañado de aventuras y líos en cada capítulo. La inseguridad y el miedo de no ser el juguete preferido, de ser sustituido por un nuevo muñeco más moderno, era el punto clave de la trama en la primera cinta con la amenaza de la llegada de Buzz Lightyear. En la segunda veíamos a la pandilla unida, haciendo equipo para rescatar al propio Woody de las manos de un coleccionista malvado. Y hemos visto también al grupo entero enfrentado a otros terribles y oscuros muñecos siniestros, acomplejados por los traumas generados por un mal uso de sus dueños, como sucedía en la trama carcelaria de la tercera entrega. Todos estos puntos vuelven a verse integrados en esta última cinta. Pero no de una manera impostada, sino como un homenaje a sus raíces colocado de manera que fluyan naturales con la historia, y sobre todo funcionando, ayudados por los nuevos personajes, nuevos antagonistas siniestros y con un final inconformista, arriesgado, rebelde, liberal y liberador. Pero sobre todo triunfa Forky. Y… ¿quién es Forky? o mejor dicho, ¿qué es Forky?

Toy Story, se ha ganado por derecho propio, que no podamos exigirle nada, sino simplemente agradecer cada nueva dosis que nos den en cualquier formato para chutarnos ahí mismo. Entiendo que haya haters que consideren la película menor e inferior al resto de la saga, eso sería como estar orgulloso de admitir que la tierra es redonda y achatada por los polos. Pero, aún no siendo la mejor de la franquicia, en cómputo general es superior a la mayoría de películas de animación estrenadas en lo que va de año.

También habrá quien se queje de la repetición de tramas, argumentos y situaciones, pero ¿Qué quieres? Son muñecos. Sería como protestar porque en la trilogía de Regreso al futuro hay “demasiados viajes en el tiempo” o enfadarse porque en la saga Tiburón, existe “un tiburón que quiere comerse a la gente en cada peli”. Por el contrario, sí que puedo entender mejor las voces contrarias surgidas ante el poco protagonismo de algunos juguetes en comparación con sus roles más principales en otros films. Así pues, la vaquera Jessie se gana una chapa de sheriff muy molona, pero su aportación es mínima. También Buzz Lightyear parece tener menos presencia pese a la divertida subtrama siguiendo a su propia “voz interior”. Y otros juguetes, como Mr. Potato que, debido a la muerte con 90 años de su doblador original y a la decisión de la compañía de no contratar a un sustituto, ha pasado a tener un simple papel testimonial de secundario con frases cortas, reutilizadas y recortadas de antiguas grabaciones. Pero, algunos pierden protagonismo para que otros lo ganen.

LOS JUGUETES NO SON COSA DE NIÑOS

En esta entrega son los nuevos fichajes los que hacen que casi no le prestemos atención a los antiguos. Como la vida misma. Y entre todos hay un nombre que destaca, Forky. Porque Disney-Pixar logra que pasemos 103 minutos enganchados a la pantalla y pendientes de un tenedor de plástico sucio, hecho muñeco gracias a los elementos encontrados en una papelera. Si eso no es convertir la basura en oro, no sé cómo expresarlo mejor. Y así llega Forky a nuestras vidas, con una miscelánea de personalidades enfrentadas y un cacao mental importante, entre seguir por un lado su instinto natural de ser basura, pertenecer, gritar y correr hacia ella o aceptar que gracias a la imaginación de Boonie, ahora es un juguete. Y así comportarse como tal, como el juguete más importante de la niña en ese momento de su existencia. Aunque no será fácil.

Habrá nuevos muñecos malvados que les pondrán las cosas difíciles, como la temida Gabby Gabby, una traumatizada y vieja muñeca de porcelana con defecto de fábrica protegida por un séquito de muñecos ventrílocuos en el punto terrorífico de cintas como, Devil Doll (1964), Magic (1978), Dead Silence (2002) o la saga de Puppet Master (1989) entre otras. También hay espacio para el humor cannábico-encubierto, con la incorporación extra de dos peluches, que pasan sus días colgados en una caseta de feria y que se apropian de los gags más fumetas vistos por un servidor en una peli de Disney. El hecho de que sus dobladores en la V.O sean Jordan Peele y Keegan- Michael Key hace que todo suene un poco más lógico. Y por último el gran tapado de los nuevos, con la voz de Keanu Reeves y rescatado de la cuna de Jack-Jack en Los Increíbles (2004) el motorista acróbata canadiense Duke Caboom, que ya ha enamorado a los lovers de Toy Story, que lo están viralizando como un must see por la redes de medio mundo.

Pixar se hace una peli homenaje a sí misma, sí,  pero se lo permitimos y llena sus fotogramas de easter eggs para que los buscadores de tesoros puedan encontrar las muchísimas referencias sacadas de otras películas de la compañía que se encuentran escondidas en cada fotograma del celuloide, como por ejemplo: Wall-E, Monstruos S.A, Up o Buscando a Nemo… el resto lo buscáis vosotros. Una historia que hace plantearse si está hecha más para el disfrute de los niños o de los adultos. Con planos cuidados minuciosamente al detalle en un derroche de perfección técnica que va en aumento en su animación. No es ñoña ni cae en momentos dulzones ni cursis. Mantiene un ritmo de aventura perfecto para las madres, los padres y sus hijos. Y además tiene carácter inclusivo al aparecer un pequeño con audífono en una de las secuencias de la guardería. Total Crush.

Que si, que la gente de Dreamworks son muy buenos, que Laika es exquisita y que Studio Ghibli o Toei Animation se acercan a la magia, pero Pixar es Pixar, y ahora con Disney, pues es… Disney-Pixar y nos guste o no, están a otro nivel, no sé cuánto por encima pero más alto que el resto sin duda. Logran que tu cuerpo se desvincule de tu control emocional-cerebral y te sorprendas a ti mismo en el minuto 98 de película, en la oscuridad del cine, a punto de llorar sin saber cómo coño has pasado de la carcajada a aguantar las lágrimas de una manera tan natural. A eso se le llama fantasía..

Y por favor, si hay una quinta peli, por Dios, ¡que alguien le saque a Woody la serpiente de su maldita bota!. Puta grima. ¿To be continued…? 

Gelo Nutopía
Sobre el Autor / Gelo Nutopía

Soy Gelo, cantante de Nutopía y es un lujo vomitar un poco de cine sobre vuestros ojitos curiosos vía Fleek Mag con respeto, humor y cultura por el Séptimo Arte. Todo ello con la estimable ayuda de Ana del Val en el apartado de la documentación.