Mitología Moderna

233
Lifestyle /
Escrito por Daniel Pedroso

Estamos acostumbrados a la inmersión directa y náufraga en la viscosa sustancia que nuestra sociedad respira. Esa materia gris que sedimenta en un mar de dudas diario donde fallamos continuamente en el intento de ponerle zanjas. Nunca ha sido tan difícil estar seguro de nada como en el ahora. Límites y acotaciones solo nos sirven para ver que la credulidad tienda a jugar con nosotros, donde nuestra atacada esfera hace un ejercicio diario de criticismo en preguntarse qué es verdad y qué no. Una generación que ha nacido con el debate innato entre lo real e irreal se plantea la adoración de nuevos ídolos creando de la fascinación un aforismo sobre la mitología moderna.

Dejando de lado lo astral y aproximándonos a lo tangible, sin tener que abanderar como mantra la ufología del I want to Believe’ o ciñéndonos a rajatabla en el concepto dibujado por C. Tangana en su disco ‘Ídolo’, que le sirvió para asaltar la industria y proclamarse referente nacional, la realidad es que nuestros nuevos iconos, referentes sociales, influencers o it girls están hechos de proyecciones de lo que una vez quisimos ser. Una estrategia más cercana a la causalidad que a la casualidad, donde estos productos de ficción, marketing o deseo han hecho cambiar el propio ADN del panorama actual. Esta deshumanización en el arte y resurgimiento de las vanguardias está más próximo a una nueva forma de entendimiento donde lo real se desprende de la tendencia a travestirse innecesariamente en carne y hueso.

ATICA, referente de la música electrónica patria

Pablo Rosacruz, precursor del proyecto ATICA FOREVER, se retó a sí mismo y al mundo entero creando un manifiesto definido en sus entrañas por lo quasi-humano. Tomando el axioma de lo imaginario y convirtiéndolo en su religión, creó el avatar de su persona artística caracterizado por texturas hiperrealistas y movimientos orgánicos de su propia fisionomía. PABLO®, el nombre de su creación, su homónimo y Doppelgänger digital, fue la proyección en forma de replicante para desarrollar un concepto, una nueva forma de explotar el panorama musical y el consumo de masas desde dentro.

La apuesta a ciegas por la atemporalidad e irrealidad en el exhausto trabajo que supone ATICA FOREVER lleva años de pensamiento y producción cristalizados en altas técnicas de CGI y virtualidad de corte selecto. Parecen solo tecnicismos, pero es uno de los proyectos más ambiciosos que podemos encontrar dentro nuestro show business, un camino nuevo frente a la anodina situación por la que pasa la música actual.

Sería una verdadera pena etiquetar el caso de Pablo cómo una bonita rareza, una excéntrica excepción por la que alguien ha sacrificado un esfuerzo bruto en su carrera y sin complejos transgredir. Pero como sucede en muchas ocasiones, la ficción no supera a la realidad, aunque tiende a mejorarla. Gracias al reciente estreno de la nueva entrega de Black Mirror, acusada por coquetear con sus niveles de calidad, la sinopsis que llegó a plantear ATICA cobra más sentido aún si cabe en uno de los tres episodios de su quinta temporada.

La producción inglesa de la BBC a cargo de Charlie Brooks es pionera en erosionar la ficción a base de cataclismos y distopias. Experta en recordarnos que no estamos tan lejos de su catálogo de catastróficos futuribles. Con el segundo capítulo de su tercera temporada, “The Waldo Moment” ataviaba la frustración social que puede vivir una población entera a la hora de elegir a su presidente. En él, un mero dibujo animado se sugiere como mejor opción y principal alternativa al traje clásico y ceñida corbata de colores. Si no fuese por qué conocemos bien a Black Mirror y cuando nos apetece nos excusamos en que solo es pura ficción, nos daría escalofríos ver qué coincide con la premisa de saber que cada día nos cuesta más sentirnos representados por nadie.

Sin echar la vista demasiado atrás por miedo a una luxación o a coger vicio a la nostalgia, es fácil recordar como hace unos años, miles de marquesinas y carpetas teenagers se empapelaban con la imagen de viejas glorias como Fredrik Ljungberg o Kate Moss portando únicamente los icónicos boxers de Calvin Klein. La época dorada de la compañía neoyorkina en la que llegó a transformar su línea de underwear en un artículo de lujo. Y aunque este legado perdure, sus iconos tratan de adaptarse a esta nueva era. 

Lil Miquela, mitad robot mitad influencer

Hace varias semanas, la firma lanzó su nueva campaña promocional “Speak My Truth” donde podíamos encontrar un elenco formado por Shawn Mendes, Chika o Billie Eilish, caracterizados todos ellos por quebrar el statu quo de los estándares. Entre tanta estrella aún había un pequeño hueco para Lil Miquela, la última revelación indie de nuestra cultura pop e influencer artifical diseñada por el ordenador de Trevor McFedries y Sara Decou, del estudio Brud.

Lil Miquela aparecía en uno de los teaser de la campaña junto a la modelo Bella Hadid besándose entre un juego de luces y sombras interpelándonos con su mensaje directo:  “Life is about opening new doors. Creating new dream you never knew it exists”/ “La vida va de abrir nuevas puertas. Crear nuevos sueños que nunca creíste que existían”. Este acercamiento al mundo LGTBI marcado por la controversia y el queerbating se ha traducido en un paso en falso por parte de Calvin Klein, quien días más tarde se disculpó por su polémico atrevimiento.

Entre el hiperrealismo y el mundo trendy donde nació el avatar humanoide que es Lil Miquela y sumergido en sus caparazones, la virtual it girl ha conseguido diferenciarse en ser un escaparate mundial y no una mera tendencia. Los creadores se sirven de ella para representar valores sociales y reivindicaciones contundentes como son la abolición del aborto o la defensa de derechos del LGTBI. Y aun sabiendo que juega con el misticismo de su origen, tiene a medio mundo ganado. Rosalía, Diplo o J Balvin son la mejor prueba de ello y ya comparten realidades con ella.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

con la bebecita @lilmiquela 💖💖

Una publicación compartida de ROSALÍA (@rosalia.vt) el

Como Lil Miquela, la mayoría de estás populares invenciones tienen una proyección artística desmedida e inalcanzable para nosotros los mortales. Siendo precisamente una de las excéntricas capacidades como es el volver a la vida lo que nos separa de ellos. Con la tercera dimensión partida en dos iconos musicales que dejaron de brillar ahora llenan estadios en formato de holograma continuando entre miles de leds su truncada estela. Este retorno del Panteón de los Ilustres a la vida se inició en el 2012, cuando en la tercera noche del Coachella, la deidad del rap Tupac Shakur volvió a la vida entre aplausos escépticos y ojos de incredulidad.

Creando una inintencionada metáfora de la muerte del rapero, decenas de miles de punteros láser impactaban en la incorpórea figura de 2pac y al ver que este caminaba impasible y llamaba a unirse a su show a celebridades de la talla de Dr.Dre o Snoop Dogg la audiencia empezaba a creerse su realista alucinación. Desde esa fecha, son varias las leyendas que han ido resucitándose en forma de holograma; Ray Orbison, Billie Holiday o la reciente confirmación de la gira póstuma de Amy Winehouse, siendo uno de los mayores y morbosos reclamos para cualquiera que no llegó a tiempo de ver a sus mitos.

Entre avatares, hologramas y divergentes no sabemos cuántas vías nuevas se abrirán en este cruce de caminos y que nuevos géneros, orígenes y tipos de comunicaciones surgirán debido a esta implosión de nuevas realidades. Aún es pronto para convivir y empatizar con el vernos reflejados en formatos diferentes al nuestro y aunque siempre nos asombró el espejo, aún seguimos dudando de él. Porque no hay nada mejor que estar en el juego, pero lo peor siempre es perder contra la máquina.

Avatar
Sobre el Autor / Daniel Pedroso

I don’t quite know what I am yet. I’ve tried flipping coins, listening exclusively to french crooners, I’ve even had a brief hat phase, but nothing stuck.