Especial Halloween: Serial Killers

Llega Halloween y se disparan las recomendaciones y listas para hacer una buena maratón de películas de terror. Desde Fleek Mag, hemos querido recopilar los títulos más interesantes dentro de uno de los géneros más macabros y oscuros del cine: los asesinatos en serie, basados en hechos reales. Una guía sobre las profundidades del true crime dentro del séptimo arte con algunos de los casos más conocidos o no, de la historia negra del homicidio serial en el mundo. Aquí os dejamos algunos ejemplos, casi todos imprescindibles de ver. Alguno olvidaré queriendo o sin querer. ¡Avisamos que en el texto se describen situaciones violentas de manera explícita y que podrían herir la sensibilidad de los lectores más sugestionables! 

Empezamos por una de las más antigua de esta lista, desde Alemania y considerada de culto total tenemos, M, el vampiro de Düsseldorf (Fritz Lang, 1931) que solo está parcialmente inspirada en los asesinatos cometidos en la ciudad renana por Peter Kürten en 1929, el cual confesó beber sangre de sus víctimas y que murió decapitado en 1931 acusado de al menos nueve asesinatos, la mayoría niñas. Espeluznantemente bien interpretado por Peter Lorre en su debut en la gran pantalla después de que Fritz Lang, lo descubriese en el teatro bajo la dirección de Bertolt Brecht y le ofreciera el papel de asesino de niñas bajo la única condición de no participar en ningún otro film sonoro hasta el estreno y Peter aceptó. Obra de arte que presenta una combinación cinematográfica de tintes expresionistas y nuevo realismo mezclada con un suspense fascinante. Atemporal maravilla del cine.

 

ED GEIN. EL LADRÓN DE PIEL HUMANA

Antes de enumerar por décadas y años, hablaremos de un asesino que ha servido de inspiración para la mente de muchos guionistas y que ha dado pie a historias míticas dentro del universo cinematográfico del horror, nos referimos a Ed Gein, también conocido como “El Carnicero de Plainfield”. Asesino y ladrón de tumbas con una fijación especial en la piel humana, la cual separaba de los cadáveres para confeccionar diferentes objetos que consideraba sus posesiones, como: cinturones de pezones, ceniceros de cráneos y por supuesto los vestidos de retales humanos cosidos por él mismo, que le gustaba ponerse las noches de luna llena.

Lo detuvieron en 1954 tras la desaparición de dos mujeres de la zona. Cuando los investigadores entraron en su granja de los horrores, se encontraron aparte de mucha basura y excrementos acumulados, algunos cadáveres colgados de los pies y abiertos en canal. También descubrieron a su madre muerta varios años antes, tumbada en la cama tras una habitación sellada.

Estos elementos unidos a la esquizofrenia desarrollada por Gein, hijo de un padre agresivo y una madre estricta y religiosa, hicieron que su historia fuera muy suculenta en el imaginario de creadores como el novelista Robert Bloch, que escribió Psycho y Alfred Hitchcock que la rodó un año después, Psicosis (1960) convirtiéndola en película de culto junto a la mirada de puto loco de Norman Bates (Anthony Perkins) que también inspiró la serie de TV, Bates Motel (2017). En los 70 hubo otro título imprescindible, que tomó la pasión de Ed por la piel humana como musa para crear a su protagonista, Leatherface, un grandullón con careta de cuero, motosierra y una entrañable inquietud por la taxidermia humana en, La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974). Incluso ya en los 90, resultaba muy similar a Gein, la pasión del asesino de ficción Buffalo Bill por confeccionarse vestidos humanos en El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991). No olvidamos dos títulos menores pero de revisión biográfica, la mediocre Ed Gein (Chuck Parello, 2000) y la “serie b” canadiense Deranged (Trastornado) (Jeff Gillen y Alan Ormsby, 1974).

 

RICHARD FLEISHER. EL DIRECTOR DE LOS ESTRANGULADORES

Pasamos de un asesino que dio pie a muchas películas para hablar de un director, Richard Fleisher, que ha rodado, él solito, tres clásicos del true crime para remarcar. El primero fue Impulso criminal (1959), que narra los asesinatos del caso de “Leopold y Loeb” dos estudiantes adinerados de Chicago, que en 1924 mataron a Bobby Franks de 14 años, para demostrar su inteligencia superior al resto de humanos, en lo que ellos habían fantaseado como el “crimen perfecto”. La policía encontró el cuerpo del chico muerto al día siguiente y junto a él, los anteojos del lumbreras de Leopold, al que se le cayeron junto al cadáver, siendo este un modelo de gafas con montura exclusiva que solo utilizaban tres personas en toda la ciudad, lo que redujo la búsqueda un poquito. Este caso sirvió de inspiración también a Patrick Hamilton para la obra de teatro Rope, que luego fue adaptada al cine en La soga (Alfred Hitchcock,1948).

Fleischer volvería a recrear años más tarde dos casos reales, ambos sobre estranguladores, El estrangulador de Boston (1968) contando los crímenes de Albert DeSalvo, que mató a trece mujeres de diferentes edades, agrediéndolas sexualmente y asfixiándolas con su propia ropa. Fue condenado a cadena perpetua en la prisión de máxima seguridad de Walpole y seis años después de su ingreso, fue encontrado en la enfermería asesinado a puñaladas. Y con mismo modus operandi pero cambiando de escenario, El estrangulador de Rillington Place (1971), sobre John Reginald Christie, el asesino y necrófilo en serie de Nothing Hill que aterrorizó las calles de Londres durante los 40 y 50. Maltratado en la infancia por sus padres, el enfermizo e impotente de Halifax, mataba y en ocasiones violaba mujeres después de haberlas dejado inconscientes con gas doméstico y que, como una broma del destino, pagada con su misma moneda, moría como él solía matar, ahorcado en 1953. Apuntar que existe una miniserie inglesa de la BBC para TV con Tim Roth a la cabeza del reparto llamada Rillington Place (Craig Viveiros, 2016).

AÑOS 60. SANGRE FRÍA Y CRUELDAD DE ENTREGUERRA

En los 60, también podemos apuntar obras míticas como, A sangre fría (Richard Brooks, 1967), que adapta la novela-documento de no ficción homónima de Truman Capote sobre los terribles asesinatos en la granja de la Familia Clutter, en una tranquila noche de mediados de noviembre de 1959 en Holcomb, Kansas. El matrimonio Clutter y sus hijos pequeños Kenyon y Nancy, fueron asaltados mientras dormían por los inadaptados mentales y ex presidiarios, Dick Hickock y Perry Smith que buscaban una supuesta caja fuerte con 10.000$ que nunca encontraron. El suceso causó un fuerte golpe en la comunidad y la opinión pública de la época por su violencia y la falta de piedad con los menores, exponiendo los miedos a poder ser asesinado en cualquier momento sin motivo aparente. Esto llamó la atención de Capote, que un año después de publicar Desayuno con diamantes (1958) se dirige al lugar de los hechos junto a su amiga y escritora Harper Lee, para entrevistar a todos los implicados en primera persona, incluidos los dos reos a muerte, para seis años después publicar la cruda novela, In Cold Blood, contada en tercera persona omnisciente, es decir, donde el narrador es la voz que cuenta la historia. Podéis montar una buena doble sesión sobre el caso con la cinta Capote (Bennett Miller, 2005) que se centra en el escritor y en cómo concibió la novela que daría pie a la peli.

Menos conocida pero no menos oscura es Landrú (Claude Chabrol, 1963), basada en la historia de Henri Désiré Landru, el “Barba Azul” de Gambais, conocido por ser un asesino de mujeres solteras y viudas durante la I Guerra Mundial en Francia, a las que abordaba en el tranvía o conocía a través de agencias de contacto. Adoptaba personalidades y vidas ficticias diferentes para cada mujer, las engaña y seduce durante meses hasta conseguir su confianza y el acceso a su dinero y después las invitaba a pasar el “finde” en la casita de campo, hasta donde se llegaba en tren. Landru, que aparte de ser un psicópata, era un puto avaro, siempre compraba un billete de ida y vuelta, y luego un segundo billete solo de ida, para ahorrarse unos francos. Ninguna volvía. Inspirada también en la figura de Landru, pero casi quince años antes y salida de la cabeza, como idea original, de Orson Welles, tenemos la cinta Monsieur Verdoux (Charles Chaplin, 1947) una comedia negra y sombría donde Chaplin daba vida al monstruo francés de manera efectiva y alejada del cándido personaje de Charlot.

AÑOS 70. SURGE EL AMOR Y CHARLES MANSON

En la década de los 70 tenemos dos títulos de culto, cada uno por razones diferentes, pero con un elemento común en especial, sus protagonistas son parejas de enamorados. Los asesinos de la luna de miel (Leonard Kastle, 1970), narra la veintena de asesinatos de mujeres y un bebé, cometidos entre 1947 y 1949 por la pareja de enamorados Ray Fernandez y Martha Beck, unidos a través de la agencia de contactos para “corazones solitarios”. Ella jefa de enfermeras en Alabama, él un gígolo nacido en Hawaii de padres españoles, que vivía de engañar a mujeres solitarias y viudas adineradas, ambos aceptaron roles concretos en sus fechorías, él era un encantador soltero seductor, ella se hacía pasar por su hermana. Pero los celos de Martha ante la visión de su enamorado intimando con otra mujer, desencadenó las primeras muertes y de ahí las sospechas de vecinos de la zona donde se escondían, que llevó a su detención y posterior ejecución por silla eléctrica en Sing Sing en 1951. Cuenta con un remake, Corazones solitarios (Todd Robinson, 2006), y dos adaptaciones, una mexicana Profundo carmesí (Arturo Ripstein, 1996) y otra francesa Alleluia (Fabrice Du Welz, 2014) con Lola Dueñas.

Pero sin duda el título clave, ganador de la concha de oro en San Sebastián en el 74 y una de las road movie de amor sangriento juvenil más generacionales y poéticas de la América profunda es, Malas Tierras (Terrence Malick, 1973) basado en los asesinos seriales adolescentes Charles Starkweather de 19 años y su novia Caril Ann Fugate de 14, la “mujer” más joven de EE.UU en ser condenada por asesinato en primer grado. Ambos dejaron once víctimas a su paso entre Nebraska y Wyoming desde 1957 a 1958 entre ellos al padrastro, la madre y la hermanastra de solo dos años de Caril. Vivieron seis días en la casa con los cadáveres enterrados en el jardín, hasta que la abuela de la joven sospechó algo raro y dio la voz de alarma, los tortolitos empezarían entonces la macabra huída. Seguramente algo de todo este asunto, sirvió de inspiración veinte años después a Quentin Tarantino para crear Natural Born Killers (Asesinos Natos) (Oliver Stone, 1994).

Para cerrar la década, dejamos algunos títulos que merecen atención aunque alguno sea un TeleFilme, como Helter Skelter: Massacre in Hollywood (Tom Gries, 1976) sobre la figura de Charles Manson, el tipo de moda este año gracias a Once Upon a Time in Hollywood (Quentin Tarantino, 2019) y Mindhunter T2 (David Fincher, 2019) que han resucitado su figura y los actos que se cometieron en su nombre. Porque realmente Charlie, que murió hace dos años, nunca mató a nadie aquella noche, pero se lo pasó pipa convenciendo a su family de drogados y hippies perdidos de la vida para que lo hicieran. La cinta toma su nombre de la canción Helter Skelter, incluida en el magnífico doble “Album Blanco” compuesto por The Beatles en 1968, en lo que Manson pensó que contenía un mensaje cifrado en clave para él solito, sobre una guerra racial venidera entre blancos y negros y cositas del fin del mundo. El LSD de aquella época era fuertecito. Tiene un remake, Helter Skelter (John Gray, 2004).

Otra pieza reseñable, es la cinta mexicana Las Poquianchis (Felipe Cazals, 1976) sobre uno de los casos mas aterradores de la historia del país azteca, basado en la novela “Las muertas” de Jorge Iragüengoitia sobre los asesinatos entre 1945 y 1964 cometidos por las 4 hermanas González Valenzuela, conocidas como las “Poquianchis”, que aparte de regentar varios burdeles en Guanajuato y Jalisco con niñas de entre 12 y 15 años, también se dedicaban a asesinar clientes y menores, practicar abortos, conspirar para que se cometieran asesinatos o directamente manipular mentalmente hasta el suicidio de las chicas. Se calcula sin precisión exacta que pudieron matar entre 90 y 150 personas, convirtiéndose en las asesinas seriales más prolíficas en la historia de México. Y si os habéis quedado con ganas de mas asesinos seriales setenteros, os dejo un par de cintas menores de regalo: Terror al anochecer (Charles B. Pierce, 1976) sobre el asesino encapuchado de Texarkana en 1946. Y desde U.K el título The Black Panther (Ian Merrick, 1977).

 

AÑOS 80. EL RETRATO DE LA ANGUSTIA DEL MIEDO

En los años 80, no encontramos gran cantidad de títulos sobre asesinos seriales y los pocos que encontramos no llegan al nivel de calidad y realismo de las dos piezas que mas destacamos de esta  década. La primera, escenifica de forma cruda la espiral de violencia inhumana que mostraron gradualmente sus protagonistas, hablamos del film, Henry, retrato de un asesino (John McNaughton, 1986), donde se cuenta de manera mas o menos verídica, las vidas de Henry Lee Lucas, que había estado en prisión por acuchillar a su madre y de Ottis Toole, un violento pirómano, caníbal y asesino, con el que iba a formar la pareja criminal perfecta. Cuando la sobrina de Ottis de 15 años aparece en escena, todo se vuelve mucho mas tétrico a todos los niveles. Ganadora de Sitges en el 90, recomiendo su visionado, destacando el trabajo actoral de su protagonista Michael Rooker.

El otro psico-thriller que destacamos, es la explícita pieza austriaca Angst (La angustia del miedo) (Gerald Kargl, 1983), sobre el asesino Werner Kniesek, el cual mató a su madre a puñaladas con 16 años sin mostrar nunca arrepentimiento, luego disparó de muerte a una anciana durante un robo, lo que le llevo a la cárcel. Unos diez años después y gracias a su buena conducta, recibió un permiso penitenciario de tres días… le sobraron dos y medio. En tan solo once horas, ya había intentado matar a un taxista sin éxito para posteriormente colarse en una casa rural aislada, donde torturará hasta el extremo del dolor a la familia Altreiter, una madre, su joven hija y el hijo mayor con discapacidad y movilidad reducida a una silla de ruedas. La película se muestra grotesca y exquisitamente incómoda, sin apenas diálogos, con una gran interpretación de Erwin Leder, y desde el punto de vista técnico, destaca por utilizar la cámara de maneras poco usuales pero efectivas, con planos picados, contrapicados, angulares y aberrantes que ayudan a fluir por las emociones de este enfermo y adicto a matar que conmocionó a todo Austria.    

 Después tenemos la criticada cinta A la caza  (William Friedkin, 1980) inspirada en Paul Bateson, el asesino que buscaba presas en bares gays, curiosamente había trabajado años antes como extra en una de las secuencias del film más icónico del propio Friedkin, El Exorcista (1973). Del mismo director tenemos Rampage (1987) sobre Richard Chase, apodado “El vampiro de Sacramento” obviamente por vivir en Sacramento y también por su afición a beber la sangre de sus víctimas y comerse los restos de carne. Y para cerrar desde U.K la ficción Cold Light of Day (Fhiona-Louise, 1989) sobre Dennis Nilsen que reconoció haber matado unos 15 hombres entre 1978 y 1983 y de haber practicado la necrofilia con ellos. Muchos eran ex novios o chicos que conocía en la calle o en bares de ambiente. El problema fue que Dennis, se deshacía de las partes del cuerpo tirándolas por el retrete, lo que llamó la atención del fontanero que fue a solucionar el problema del olor y el atasco de las cañerías. También llamó la atención de la policía. Dennis murió en prisión el año pasado.

 

AÑOS 90. NADIE ESTÁ A SALVO, VIGILA QUIÉN LLAMA

En la siguiente década, los 90, encontramos, después de filtrar por relevancia, algunas propuestas interesantes como Summer of Sam (Nadie está a salvo de Sam) (Spike Lee, 1999), que más que tratar sobre David Berkowitz, la película utiliza al asesino apodado “Son of Sam” como una simple excusa casi invisible para plantear una entretenida historia de suspense con escenario en el Bronx, que transcurre durante el caluroso verano del 76 cuando empezaron los crímenes que aterrorizaron Nueva York durante casi dos años. El “Hijo de Sam”, afirmó en el juicio real por el asesinato de 6 personas a disparos de su calibre 44, que actuó obligado por las órdenes de un demonio que había poseído al perro de su vecino. Luego cambió su versión e incriminó en las muertes a miembros de una supuesta secta satánica de la que era miembro. Pues eso, el LSD fuertecito mezclado con esquizofrenia dan para mucho.

La otra cinta que merece mención en la década por su calidad, pese a ser un TeleFilme, es Citizen X (Ciudadano X) (Chris Gerolmo, 1995), que narra la investigación real y persecución en 1982 del mayor asesino en serie en la historia de la Union Soviética. Andrei Chikatilo, también conocido como “El carnicero de Rostov” fue ejecutado en 1994, después de haber violado, mutilado y asesinado a 52 mujeres y niños entre 1978 y 1990 en la Rusia, Ucrania y Uzbekistán soviéticas. El caníbal ucraniano además, inspiró la cinta basada en la novela de Tom Rob Smith del mismo nombre, El niño 44 (Daniel Espinosa, 2015), con Tom Hardy y Noomi Rapace a la cabeza del reparto. Bajando de nivel y sobre la bocina, pero basada en Andrei, también tenemos el thriller italiano Evilenko (David Grieco, 2004).

Nombramos rápidamente, El corredor de la muerte (Tim Metcalfe, 1996) donde James Wood interpreta al psicópata estadounidense, Carl Panzram. Basada en la novela, Panzram: A Journal of Murder, de Thomas E. Gaddis y James O. Long, que a su vez adaptan las memorias de Carl, escritas por él mismo desde la celda donde esperaba a ser ejecutado, gracias al lápiz y al papel que le daba a escondidas un carcelero llamado Henry Lesser. En ellas, el autor hasta su muerte de al menos un centenar de asesinatos de hombres y niños a los que también sodomizaba, escribió, como él mismo fue violado siendo niño por un grupo de mendigos en un vagón de tren abandonado, entre otras lindezas de la vida que marcaron sin duda su historial enfermizo.

Y para los más intensos y exigentes os dejamos, Scream (Wes Craven, 1996) que aunque no es tan fiel biográficamente, su guionista se inspiró en Danny Rolling, el asesino de cinco estudiantes en 1990 en Gainesville, Florida, para crear una pieza que cambió las reglas del cine de terror, usando esas mismas reglas todas juntas. Desde Hong Kong, The Untold Story (Herman Yau y Danny Lee, 1993) basada en la historia que conmocionó a Macao a mediados de la década de los 80, sobre el psicópata Wong Chi Hang, era carnicero, trabajaba en un restaurante y además necesitaba deshacerse de los cuerpos, no digo mas, sumad vosotr@s. Terminamos un siglo sangriento para empezar otro. Entramos en los 2000.

 

SIGLO XXI. 2000 – 2010. DESDE EL INFIERNO HASTA ROMASANTA

Con la llegada del nuevo siglo, aparecen nuevas adaptaciones de crímenes y asesinos que aumentan en cantidad y calidad progresivamente.Empezamos por Desde el infierno (Albert y Allen Hughes, 2001), basada en la novela de Allan Moore sobre Jack el Destripador, asesino inglés sin identificar que sembró el terror y el caos en el barrio de Whitechapel en 1888, asesinando al menos a cinco prostitutas, a las que realizó cortes en cara, garganta y abdomen, mutilaciones genitales, y en honor a su nombre, extracción de órganos. También basándose en el destripador, con producción suiza y dirigida por el maestro malagueño del terror de serie b tenemos Jack the Ripper (Jesús Franco, 1976), con Klaus “padre de Natassja” Kinski y Josephine “hija de Charles” Chaplin encabezando el reparto. Ahí es na.

Alfred Hitchcock, se cruzó artísticamente con Jack del que tomó inspiración para rodar la cinta muda The Lodger (1927), al igual que cintas británicas como Asesinato por decreto (Bob Clark, 1979) que introduce en la ficción a Sherlock Holmes investigando los asesinatos o La clase dirigente (Peter Medak, 1972) toman de referencia la figura del monstruo londinense. Otras propuestas lo ponen a viajar en el tiempo como el steampunk, Time After Time (Nicholas Meyer, 1979) o incluso se lo llevan a Madrid a comer relaxing churros en una cup of café con leche in Plaza Mayor, como en la incalificable Holmes & Watson. Madrid Days (Jose Luis Garci, 2012).

En 2002 podemos encontrar cintas con suerte dispar en la crítica, la menos conocida y a la postre la mejor valorada es la alemana, The Child I Never Was (Kai S. Pieck) donde somos testigos de la confesión de Jürgen Bartsch, “La bestia de Langenberg” que con quince años, entre 1962 y 1966 violó, torturó y asesinó a cuatro estudiantes en el Ruhr alemán. Más por lo interesante de su asesino que por la calidad de las películas en sí, hay títulos como, Nightstalker (Chris Fisher), que cuenta la historia de Richard Ramirez, asesino en serie conocido como “El cazador de la noche” que merodeaba por las calles de L.A con sed de sangre y poseído por demonios que le llevaron a cometer 14 crímenes entre 1984 y 1985. También sobre el acosador existen The Night Stalker (Max Kleven, 1986) y The Night Stalker (Megan Griffiths, 2016). Ambas muy originales eligiendo sus títulos.

El siguiente asesino se presenta en un film menor, Dahmer (David Jacobson, 2002) sobre “El carnicero de Milwaukee” de nombre Jeffrey Dahmer, responsable de la muerte de 17 adultos y menores varones entre 1978 y 1991 y que interpretó un desconocido por entonces Jeremy Renner. El caníbal y necrófilo de Wisconsin, también fue llevado a la pantalla en otros títulos, pero el mejor valorado es, My Friend Dahmer (Marc Meyers, 2017).

Para cerrar año tenemos la figura de un asesino estrella, Ted Bundy, que pudo influenciar al personaje de Patrick Bateman en American Psycho (Mary Harron, 2000) aunque sus biopics dejen mucho que desear, hablamos de Ted Bundy (Matthew Bright, 2002) sobre el “primer” psycho-killer moderno. Mató a más de 35 mujeres en varios estados norteamericanos entre 1974 y 1978 y murió en la silla eléctrica en 1989. Tiene dos versiones para TV, Deliberadamente extraño (Marvin J. Chomsky, 1986) y la canadiense, Un extraño a mi lado (Paul Saphiro, 2003) donde nos queda claro que el tipo era algo extraño. Por si buscáis más sobre este secuestrador que usaba un brazo escayolado falso para pedir ayuda a mujeres en la carretera, tenéis las piezas más recientes en Netflix, Extremadamente cruel, malvado y perverso (Joe Berlinger, 2019) con Zac Efron, Lili Collins y John Malkovich en el casting. Y del mismo director, Conversaciones con asesinos, Las cintas de Ted Bundy (2019) .

Nos vamos a 2003 donde hay títulos que sobresalen como la surcoreana Memories of Murder (Crónica de un asesino en serie) (Bong Joon-ho) de la que ya he escrito aquí un par de veces poniéndola como ejemplo absoluto de obra de arte del género policiaco. La otra es Monster (Patty Jenkins) que narra la vida de Aileen Wuornos, una prostituta en Florida que reconoció ser autora de 6 asesinatos, incluido un policía. Interpretada magistralmente por Charlize Theron que ganó el Oscar. La siguiente cinta no pasó por cines, salió en video directamente y ni siquiera os la recomiendo porque es un despropósito, simplemente dejo constancia de su existencia por su asesino, Gacy (Clive Saunders, 2003) el payaso asesino de niños, John Wayne Gacy, que fue condenado por violar, torturar y matar a 33 pequeños. Al menos, influenció a Stephen King para crear a Pennywise en It (Tommy Lee Wallace,1990)

Nombramos ahora un título nacional, Romasanta, la caza de la bestia (Paco Plaza, 2004), la historia que cuenta el origen real de las pesadillas de muchos niños ante la amenaza del “hombre del saco” o el “sacamantecas”  personificado en la figura de Manuel Blanco Romasanta, conocido como “El hombre lobo de Allariz”, al ser diagnosticado como el primer y único caso de licantropía clínica, enfermedad mental que hace creer a la persona que la padece, que se transforma en hombre lobo. Este detalle médico le salvó de la pena capital a este vendedor ambulante gallego de ungüentos de grasa de cadáver, que cumplió cadena perpetua amparado por Isabel II  en 1853. Solo se pudo probar su implicación en 9 asesinatos de los muchos que se cree que cometió, según él, poseído por una bruja que le hacía transformarse. Inspirada en el licántropo tenemos también El bosque del lobo (Pedro Olea, 1971).

Nos vamos a 2006 y encontramos un título que aprueba raspadito, Karla (Joel Bender), donde nos cuentan la historia del violador Paul Bernardo y su mujer Karla Homolka, conocidos como los “Ken & Barbie Killers” canadienses que a principios de los 90 raptaron, abusaron y asesinaron a tres chicas, la primera de ellas la hermana de Karla. Y para darle un toque de generación MTV… ¡Lo grababan todo en videocámara!. Demasiado sórdido hasta para mí. Aunque luego me lo buscaré en Tor. Es broma joder. Al año siguiente, recibimos el regalo de Zodiac (David Fincher, 2007), de la que ya hablé en el artículo anterior a este. Aunque el asesino del zodiaco ha dado para otros títulos basados en él, sin duda menos acertados como The Zodiac Killer (Tom Hanson, 1971), The Zodiac (In Control of All Things) (Alexander Bulkley, 2005), y otras ficciones que lo han tomado de inspiración como el clásico Harry el sucio (Don Siegel, 1971).     

Del mismo año y desde Argentina nos llega El niño de barro (Jorge Algora, 2007), con Maribel Verdú en el reparto y donde nos encontramos con el siempre desolador terreno de los crímenes de niños cometidos por niños. La cinta cuenta la historia de Cayetano Santos Godino, alias “El petiso orejudo”, que en 1906, con tan solo diez años, empezó a asesinar a pequeños de entre 3 y 15 años y a quemar edificios de la barriada de Buenos Aires donde vivía, se le imputaron 4 crímenes, 7 tentativas y 7 incendios provocados. Angelito. Un año después tenemos desde Corea del Sur, un thriller redondo, The Chaser (Na Hong-jin, 2008), basado libremente en los crímenes de Yoo Young-chul, caníbal confeso y culpable de una veintena de muertes, la mayoría prostitutas a las que desfiguraba con un martillo y un cincel para dificultar su posterior reconocimiento facial.

 

SIGLO XXI. 2010 – 2019. DESESTRUCTURACIÓN Y EXOTISMO CRIMINAL

Para cerrar el artículo y resumir la segunda parte que llevamos de siglo, lo haré destacando la cinta australiana, Snowtown (Justin Kurzel, 2011) trama basada en los suburbios de Adelaide, donde una especie de mesías redneck, John Bunting y su comitiva protectora del barrio, donde asesinaron al menos a cuatro personas, algunos pedófilos, que hasta ahí bueno… pero también cometieron crímenes homófobos y mataron a personas con discapacidad intelectual. Y eso ya no. La película es tan disfrutable como desasosegante desde el primer minuto, se centra en la figura de un joven, James Vlassakis, proveniente de una familia desestructurada, que encuentra en Bunting a una figura paterna, al que acompaña hechizado en la espiral de muerte, acabando implicado directamente en los crímenes.

La siguiente y con mismo argumento de “chico perdido encuentra figura sustituta paterna zumbada del coco”, está Blue Caprice (Alexander Moors, 2013), destacada en cuanto a crítica y que nos cuenta el caso de “el francotirador de Beltway” que en realidad eran dos, John Allen Muhammad y su hijo-cómplice adoptivo, Lee Boyd Malvo, que en 2002 y disparando desde su Chevrolet Caprice azul, tuneado para ello, mataron a diez personas e hirieron a otras tres. Al año siguiente desde Francia destacable El caso sk1 (Frédéric Tellier, 2014), se centra en la extensa investigación de la violación y asesinato de siete mujeres en Paris en 1991, que acabó con la confesión en 2001, en mitad del juicio, del narcisista y criminal Guy George, “La bestia de la Bastilla” reconociendo todos los cargos entre sollozos delante la familia de las víctimas.

Re-pescados en el último momento, os dejo como buen masoquista algunas joyitas más, para que os sangren los ojos de leer y de ver cine. La japonesa Cold Fish (Sion Sono, 2010). Desde Hong Kong el gore, Dream Home (Pang Ho-Cheung, 2010). El policiaco francés, La próxima vez dispararé al corazón (Cédric Anger, 2014). La polaca, Soy un asesino (Maciej Pieprzyca, 2016). La húngara Strangled (Árpád Sopsits, 2016). La mexicana, Los crímenes del Mar del Norte (José Buil, 2017) o la argentina, El ángel (Luis Ortega, 2018).

Si os habéis quedado con ganas de más es porque estáis fatal de la cabeza, sois unas potenciales asesinas en serie, sois muy morbosos o todo a la vez, que tampoco está mal. Aún así, feliz triste día de los muertos, no abráis la puerta a desconocidos, y beberos vuestro vasito de sangre antes de dormir. Felices pesadillas.

Gelo Nutopía
Sobre el Autor / Gelo Nutopía

Soy Gelo, cantante de Nutopía y es un lujo vomitar un poco de cine sobre vuestros ojitos curiosos vía Fleek Mag con respeto, humor y cultura por el Séptimo Arte. Todo ello con la estimable ayuda de Ana del Val en el apartado de la documentación.