El legado contemporáneo de Corredores de Bloque

Ahora que el género urbano se ha transformado definitivamente en la nueva banda sonora de referencia de la cultura pop nacional, ahora que la escena urbana en España aparece con cierta constancia en los medios de comunicación de masas, que acapara el espacio principal en los festivales más punteros, y en definitiva, ahora que el éxito que muchos deseábamos durante nuestra infancia/adolescencia se ha hecho (en parte) realidad, la necesidad de repensar y rememorar a aquellos artistas que participaron activamente en esta transformación de la estética hip hop española es mayúscula. Porque para poder valorar en profundidad los triunfos del presente, antes hay que conocer la historia que le precede, y porque para intentar anticipar el futuro (musical) que viene, la tradición sigue siendo un punto de partida obligatorio que no puede ni debe olvidarse, aunque tampoco interpretarse de manera dogmática.

El caso es que en la particular tradición del hip hop nacional podemos encontrar un buen número de diferentes artistas cuyo trabajo ha tenido una influencia considerable en este largo proceso de popularización. Hecho que, desde mi punto de vista, debería hacernos comprender lo siguiente: que una transformación de estas características se debe más al trabajo individual y colectivo de muchos artistas que a la existencia de unos pocos “genios” adelantados a su tiempo que revolucionaron radicalmente la escena por sí mismos. No obstante, afirmar lo anterior no implica que haya que negar o minusvalorar el trabajo de algunos personajes que realmente sí se adelantaron a su tiempo y apostaron por fórmulas artísticas que en aquel momento eran minoritarias y marginales en relación al status quo musical dominante. Y uno de los ejemplos paradigmáticos que siempre estará presente en el imaginario colectivo de la escena urbana española es el que representa Corredores de Bloque.

Esta agrupación era, más que un grupo de rap al uso, una clicka compuesta por jóvenes de diferentes barrios de la periferia madrileña (Orcasitas, Cuatro Caminos o Carabanchel, entre otros) que ya habían empezado a hacerse un hueco de manera individual en la escena underground de Madrid. A finales de los 2000 estos pirris de barrio ya habían pasado el suficiente tiempo juntos deambulando por los bloques de Madriles como para conseguir generar en torno a la música hip hop y la vida callejera una forma de comunidad familiar y artística propia. D. Gómez , Markés, Big Jay, M. RamirezPocas Libras, Nano, MackDeRojas y Callejo fueron los integrantes principales de este colectivo que durante los primeros años de la década del 2010 se ganó el respeto y la admiración de buena parte del underground español. Y curiosamente, la clave de su éxito se fundamentó en esas dos premisas que se señalaban al inicio de este artículo: el respeto por la tradición musical del hip hop (la tradición del rap noventero americano en su caso) y una constante actitud y empeño por regenerar el sonido y la forma del hip hop patrio. Tanto en el “CB CUTS vol.1” (2010) como en el resto de trabajos individuales que durante esa época aparecieron firmados por los componentes de Corredores de Bloque, las cadencias musicales, la actitud y las líricas siguieron un sendero artístico común que pretendía crear algo nuevo made in Spain pero partiendo de la tradición y de los grandes clásicos de la edad de oro del rap americano.

Las producciones de Big Jay (productor musical referente del grupo) durante ese período se enmarcaban dentro del espectro sonoro característico de New York y de Queens durante los 90, lo cual encajaba perfectamente con la atmosfera fría y gris que todavía se respira en los bloques madrileños de la era postindustrial. Este fondo rítmico constituía sin duda alguna el telón instrumental perfecto para las duras y contundentes barras que caracterizaban los storytellings de un colectivo que entendía, como Chuck D, que el hip hop era la emisora de la calle y que tenía que relatar con crudeza lo que pasaba en las avenidas, parques y callejones del barrio Por aquel entonces el sonido hegemónico en el rap estatal era el hardcore, estilo que tanto éxito había cosechado en España en los inicios del nuevo milenio y donde se encasillaban la mayoría de raperos referentes de la escena de la época. Pero a finales de la década este subgénero ya comenzaba a presentar claros síntomas de agotamiento, y esto se notaba en una música que cada vez era más repetitiva tanto formal como conceptualmente. Los estribillos machacones y moralistas, los excesos poéticos descarnados y asépticos, y especialmente el alejamiento paulatino de las temáticas estrictamente callejeras, terminaron por anquilosar al estilo musical que ostentaba el poder ideológico del hip hop en España.

El problema no era que el rap hardcore fuese mejor o peor que otros estilos de música hip hop, sino que se había llegado a un momento de saturación artística en lo referente a ese subgénero. Este agotamiento general iba acompañado además de una actitud bastante tóxica e inmadura por parte de sus seguidores más acérrimos, y ante cualquier intento por explorar nuevas formas y texturas que se alejasen del sonido hegemónico, la santa inquisición del RAP SOLO se pronunciaba indignada descalificando todo lo que no estuviese cerca de su zona de confort. Esto provocaba que socialmente se difundiese un discurso en la escena donde se dejaba claro que eso no era rap español, o al menos no rap serio que pudiera tenerse en cuenta. Se había generado una demencia cultural tan alarmante, que prácticamente todo lo que no siguiese los preceptos sagrados del R.A.P (Revolución; Actitud; Poesía) era denostado de manera sistemática. Este es el contexto musical en el que se origina Corredores, y considero que precisamente su producción musical debe entenderse como una reacción contra ese discurso dominante en la escena urbana. Quizás el eslogan “Fuck Raperos Poetas” que tanto utilizaron en sus inicios sintetiza a la perfección la actitud de este colectivo frente al gusto y el criterio musical mayoritario de época: si para vosotros esto es el rap y esto es la poesía, que le follen al rap y a los poetas.

Hablando del ámbito estrictamente musical, llamaba la atención que bebiesen de bastantes géneros diferentes entre sí, y eso se notaba en sus producciones. Porque aparte de los clásicos americanos de los 90 en los que se inspiraba buena parte de su repertorio, también destacaba su gusto (especialmente el de Big Jay y D. Gómez) por sonidos característicos del reguetón clásico y del hip hop sureño de Atlanta y de Memphis. En este aspecto podemos encontrar un punto clave que los diferenciaba de muchos artistas del momento, pues se alejaban de la tradición del rap español para encontrar su inspiración en otras tradiciones musicales alternativas que estaban empezando a llamar la atención del mainstream y que años más tarde serían imprescindibles para entender la música popular contemporánea.

Pero desde mi punto de vista, su gran aportación a la escena fue especialmente en el apartado lírico. Sin salir de sus bloques de hormigón y cemento consiguieron elaborar un estilo propio que los situaba en otro plano estético, aportando una frescura léxica y poética que resaltaba frente a los textos planos y las estructuras repetitivas de la mayoría de artistas que estaban en el top del momento. Nuevos códigos lingüísticos y nuevos registros vocales para narrar la realidad de unos bloques abandonados por las instituciones, sumidos en el empobrecimiento endémico de la clase trabajadora y cuyo futuro estaba más cerca de las esquinas que de las facultades de letras a las que aspiraban muchos raperos por aquel entonces.  Y precisamente esta situación existencial concreta que vivían a diario en su entorno era el estimulo que necesitaban para escupir sus barras sin piedad. En el eterno retorno de internet todavía siguen sonando clásicos como “Pa´bravo yo”, “My reality”, “Entre mala gente”, “Young G”, “Eyo Chillin’” y una larga lista de hits que ponen de manifiesto la grandeza y maestría lírica de estos artistas, entre los que yo destacaría a Markés, Nano y Callejo, pues personalmente considero que en aquellos años se ganaron por méritos propios el hecho de ser considerados como tres de los mejores letristas del hip hop nacional contemporáneo.

En el ámbito estético también destacaba su carácter innovador, y eso se veía perfectamente en sus pintas y en los vídeos que realizaban. Sus guiños a la cultura lo-life eran más que evidentes, pero este hecho en vez de ser valorado positivamente era despreciado por buena parte de la escena. Porque en España, si en vez usar marcas como Grimey, Ecko, Adidas o Nike vestías con ropa de Polo Ralph Lauren, Tommy Hilfiger o Lacoste, eras considerado un pijo, un consumista, o un vendido que no entendía de que iba la movida. Y en este aspecto aparece, de nuevo, el mismo problema hegemónico que con la música: si no vistes exageradamente ancho, con ropa socialmente aceptada por el status quo del rap español, no puedes ser un rapero, no puedes ser uno de los nuestros. Esta relación entre vestimenta y música la supo retratar perfectamente D. Gómez cuando soltaba eso de “cuido más mis pintas que mis letras, y aún así lo que escribo se folla tu mierda”. Pero esta búsqueda de estéticas alternativas también se percibía en sus vídeos, entre los cuales destacaría dos sagas: el proyecto audiovisual de “Basement Series” (2012) y la colección de muestras de “Afterswing” (2013). En el “Basement Series” la dirección artística corre a cargo del colectivo audiovisual madrileño 128Films, mientras que en el “Afterswing” el encargado del proceso creativo es el lugués Salvatore Rosso, productor musical afín al colectivo de Corredores de Bloque desde sus primeros momentos. En estos vídeos se puede apreciar como existe un intento común por regenerar la estética audiovisual tradicional del hip hop en España, y también para el recuerdo interminable de Internet quedan joyas como el “Basement Nº 5” de Nano y su “Money makes the world run and run, no puedes pararlo, así que hazlo girar”.

Obviamente no fueron ni los únicos ni los primeros en apostar por una vía interpretativa alternativa a la hegemónica, pues en ese momento ya había en Madrid gente como Perros Callejeros, Hermanos Herméticos, Yako Múñoz, Chirie Vegas o Ziontifik entre otros. Artistas pertenecientes a la ciudad de las 7 estrellas que también habían comprendido en la misma época que el género nacional necesitaba reformularse desde una perspectiva más callejera y conquistar nuevas formas estéticas más allá del clásico rap hardcore español. Pero aún así, no cabe ninguna duda de que la historia posterior del género urbano debe mucho a la música y a la actitud de este colectivo que elevó a la máxima exponencia musical el sonido de vanguardia madrileño. Desgraciadamente, Corredores de Bloque no pudo disfrutar prácticamente nada de ese aperturismo de la industria hip hop nacional que tuvo lugar, en parte, gracias a su trabajo. Después de un tiempo sin publicar nada de manera conjunta, decidieron cerrar el círculo que habían empezado 4 años con su esperado “C.B CUTS vol.2” (2014). El tiempo no perdona a nadie, y de manera inevitable, cada uno ya había emprendió su propio camino de forma individual. Algunos de ellos volverían a juntarse más adelante para seguir revolucionando la escena desde nuevas perspectivas, pero la CB Clicka con la que muchos crecimos ya formaba parte de la historia. Como diría el propio Callejo en un tema publicado en 2015 junto con M.Ramirez, MackDeRojas y Alistair, “Recuerdo cuando éramos chavales, follándonos Madriles; Ahora el verbo está en mi carne […] Frases series B porque vuelven los mejores, rapeando juntos bajo el túnel, bajo el templo que todo lo sostiene; Corredores en memoria, indestructibles”.

Apolo Oulios
Sobre el Autor / Apolo Oulios

Precario de la crítica cultural, amante de la música hip hop y sus bifurcaciones bastardas y gourmet de la marihuana. Desde los márgenes y para los márgenes.