Carnival Row: La gran apuesta de Amazon

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Escrito por Jaime Lapaz

En uno de los muchos momentos de Érase una vez en Hollywood en que Quentin Tarantino apela directamente a la nostalgia, un personaje ya mermado por la edad se ve obligado a echarse la siesta para llegar descansado a la emisión del episodio de su serie favorita. No se puede permitir quedarse dormido.

Se trata de una escena que produce cierta melancolía para quienes sentimos que, tras el fin de Juego de Tronos, se ha podido perder la magia de esa incertidumbre semanal por la espera del próximo capítulo, del encanto del directo. Pero para muchos, este resultará el único elemento obsoleto de la serie de HBO, porque el resto sigue siendo más vigente que nunca. El vacío que ha dejado la ficción de fantasía medieval aspira a ser rellenado de inmediato por proyectos como The Witcher, producción de Netflix fruto de la adaptación de las novelas de Andrej Sapkowski. No obstante, Amazon Prime ha cogido la delantera lanzando este 30 de agosto Carnival Row (René Echevarría y Travis Beacham), una serie que sin duda también anhela sustituir las aventuras de Jon Nieve y compañía.

La narrativa de Carnival Row

El propósito sobre el que se sustenta el inicio de Carnival Row es abrumar al espectador mostrando la inmensidad y bastedad del universo en el que se va a desarrollar la trama, dejando esa sensación tan intrigante y atractiva de que cada esquina del escenario y cada personaje tienen un pasado por descubrir. Los primeros dos episodios se desarrollan de manera frenética, pero a trompicones, haciendo de la intuición de la audiencia el arma principal para fomentar un interés que no acaba de asentarse hasta el tercer capítulo, el único situado íntegramente en las afueras de Burgue -espacio en que se desarrolla esta primera temporada-.

En ese sentido, ‘Los reinos de la luna’ es un episodio que funciona como un oasis para la serie, cogiendo fuerza para continuar con el resto de la historia al desvelar, a través de un extenso flashback en el reino de Tirnanoc, los fundamentos del drama político y romántico previamente presentados. Se entiende así a qué se deben las tensiones -tanto raciales como sentimentales- con las que han convivido Philo (Orlando Bloom) y Vignette (Cara Delevingne). De este modo, la vuelta definitiva a Burgue para el resto de los capítulos hace que la serie se sostenga con mayor solidez y coherencia, pero a la vez condena a Carnival Row a rozar el tedio, con una escritura que prácticamente no usa el cliffhanger como método para enlazar sus episodios, sino que confía en la inercia pese a su larguísimo relato.

Sus muchas facetas

Carnival Row podría parecerse a la criatura de la tercera temporada de Stranger Things, un ente formado a partir de los restos de otros bichos, un pastiche que recoge a mansalva elementos de otras obras literarias o audiovisuales tan dispares entre sí que acaban haciendo de la serie un batiburrillo de géneros. Esta es una característica que responde a la tendencia actual de las ficciones televisivas de incluir algo para cada tipo de espectador, pero cabe recordar que una serie no funciona como un bufé libre.

En ese sentido, la última producción de Amazon se sumerge por un lado en la fantasía oscura, ese género que han abordado recientemente series como Penny Dreadful, pero en este caso y en un principio -solo en un principio- desde una premisa detectivesca. La encabeza Philo, un inspector de policía sin muchos apoyos en el cuerpo a la hora de investigar los crímenes relacionados con las criaturas inhumanas. De hecho, su primer caso es el de un asesino llamado Jack que curiosamente destripa a sus víctimas. Pero este es un guiño vacuo, pues las aspiraciones holmesianas de Carnival Row son prácticamente nulas. La falta de un Watson que complemente a Sherlock y que no haya un ápice de comicidad condenan a la monotonía a este aspecto de la serie.

Y es que, en vez de fomentar el interés la intriga policial, los showrunners ponen otra parte de la atención a interesarse por las consecuencias de una guerra racial desde la perspectiva fantástica, algo parecido a lo que hacía Bill Willingham en su obra de cómics Fábulas. Carnival Row continúa abrazando esa dimensión política y diplomática que le daba más riqueza a Juego de Tronos, pero de forma aún más evidente. En este caso, la mayor parte de conflictos surgen del tangible paralelismo con la crisis de refugiados y migración actual. El abordaje de estos problemas escapa del cinismo impasible de autoras como Nadine Labaki, y demuestra en ocasiones gran sensibilidad —en especial en todo aquello relacionado con apropiaciones culturales, bibliotecas y museos—, aunque también subraya en exceso, con unas dinámicas parlamentarias tan retorcidas que se acercan a lo inverosímil.

Carnival Row también presenta -y desarrolla durante largo metraje- una serie de tramas amorosas que tienden a la simpleza y a los lugares comunes del género. Ni siquiera los rostros conocidos y carismáticos de Orlando Bloom y Cara Delevingne logran transmitir con constancia y fuerza esa atracción, algo que sin duda lastra el desarrollo de la serie y que se debe a la conformación de unos personajes planos y basados en clichés. Pese a todo, se insiste tanto en otras subtramas que se acaba por lograr, a golpe de pico y pala, escasos momentos de delicadeza, en parte gracias a esas interesantes escenas que combinan un romance al estilo de La Bella y la Bestia con dinámicas cercanas a la obra de Jane Austen, llenas de apariencias, clasicismos y traiciones -en Carnival Row un poco maquiavélicas-.

 

Visualmente apabullante

Pero si algo decanta la balanza a la hora de analizar las virtudes y defectos de Carnival Row es que la serie no demuestra en ningún momento autocomplacencia, ni siquiera en la que sin duda es su mejor baza: su poderío visual y estético, sustentado en un presupuesto amplísimo. Más allá de los brillantes efectos especiales -el aleteo de las hadas y las físicas del vuelo están más que conseguidas-, es digna de mención la puesta en escena de los cuatro directores de esta temporada, y en especial de Anna Foerster. La ambientación victoriana steampunk es francamente atractiva, con unos escenarios que destacan tanto en las oscuras y dickensianas calles del ‘Row’ -barrio bajo de Burgue- como por los ostentosos promenades y las inequívocamente británicas cortes de su parte alta. El maquillaje y el vestuario también son fascinantes: humanos, hadas, faunos y centauros lucen muy bien, bebiendo sin duda de las estéticas de artistas como Tim Burton y Guillermo del Toro.

Precisamente, el cineasta mexicano iba a dirigir en un principio el proyecto de Amazon Prime, pero se distanció de él debido a problemas de agenda. ¿Hubiera sido Carnival Row más redonda si el autor de ‘El laberinto del fauno’ no se hubiese bajado del barco? Siempre quedará la duda. Por el momento, queda esperar al lanzamiento de la segunda temporada, anunciada su renovación antes incluso del estreno de la serie. Parece claro que la productora norteamericana tiene mucha confianza puesta en el proyecto de René Echevarría y Travis Beacham.

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Sobre el Autor / Jaime Lapaz

Cinéfilofutbolero desde pequeño. Escribir mientras escucho música me hace feliz y recomendar películas aún más.