Canelo Álvarez. Contra la historia

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Escrito por Juan Álvarez (Negrín)

Saúl “Canelo” Álvarez (Jalisco – 1990) es reconocido por sus fans e incluso por sus haters como algo que hasta él mismo afirma ser “The face of boxing” (la cara visible del boxeo). Si en otras épocas las rutilantes estrellas que resonaban en el imaginario colectivo global eran Ali, Tyson, De La Hoya, Pacquiao o Mayweather, es de reconocer que si ahora un púgil goza de ese reconocimiento es el pelirrojo de Jalisco.

Su carrera profesional, que empezó a la tierna edad de 15 años en los gimnasios de su ciudad natal, gimnasios en los que a un filtro de color sepia se le une la mezcla de olores a sudor, cuero, vaselina y sangre, ha sido meteórica. De ese chico que vendía helados en el negocio familiar a la estrella que acaba de firmar el contrato más grande de la historia para un deportista profesional (350 millones de dólares le pagará DAZN por la retransmisión de sus próximas 11 peleas) poco queda, más que su cobrizo cabello y su background mejicano.

Aunque es innegable que la carrera del Canelo se encuentra en su apogeo (títulos mundiales en las divisiones super-welter, medio, súper medio y con el semipesado a la vista si consigue vencer a Sergeiy “Kovalev” la semana que viene) la batalla que libra Canelo ha comenzado a trascender al ring para, en una quijotesca aventura, vencer a sus dos rivales más duros hasta la fecha; el reconocimiento total de los aficionados y la historia.

Su primer rival, la opinión del público, se resiste en parte a colocarle entre la flor y nata del boxeo mundial. Para muchos aficionados, analistas y ex-peleadores, Canelo no acaba de convencer y despegar más allá de la consecución de cinturones. Se le achaca que, en los últimos años el propio Canelo y su promotora “Golden Boy Promotions”, propiedad de la leyenda del ring Oscar De La Hoya, ponen excesivo mimo en la elección de sus últimos rivales y en las condiciones en las que finalmente se desarrolla el pleito. Para muchos fanáticos del ring, desde que Canelo se ha convertido en el “Lado A” (el teóricamente mejor de los dos boxeadores que se enfrentan en una pelea) sus rivales han decaído en dificultad y talento. Si obviamos la excepción de la leyenda del peso medio Gennady “Triple G” Golovkin, sus últimos rivales, aunque no malos boxeadores, no tenían el nivel real para poner en aprietos al astro mejicano.

Otro de los problemas por los que Canelo no acaba de conseguir la unanimidad del respetable que, a pesar de todo, abarrota los estadios donde el azteca se faja, es su estilo de boxeo. Técnicamente, Canelo tiene muy pocas pegas.  Goza de exquisito movimiento de cintura, defensa, desplazamiento en el ring y sabe leer y contemporizar los combates, ajustando conforme el pleito avanza e incluso se permite a veces ciertas licencias estilísticas. No obstante, el fanático medio le acusa de que su estilo de boxeo es muy cerebral, poco pasional, muy poco “mejicano”; un estilo y una filosofía de pelear en la que los boxeadores salen a pelear a la suerte y a la muerte, siempre avanzando adelante con una intensidad y ritmo explosivos: el boxeo vive del KO y Canelo hace tiempo que no noquea a buenos rivales. Este rival, el de la opinión del fanático medio, parece que no va a cambiar a corto-medio plazo y de momento Canelo cree que la acumulación de cinturones en diferentes categorías será suficiente para apaciguar las críticas.

Fotografía: Al Bello

Su otro gran rival es la historia del boxeo y más concretamente la historia del box azteca. De haber nacido en cualquier país europeo o cualquier otro país latinoamericano, Canelo ya sería, a sus 29 años y de largo, el mejor boxeador de la historia de su país. Pero no, Canelo es mejicano, corre sangre azteca por sus venas y en ese país para colocarse en el Olimpo del boxeo hay que batallar contra auténticos gigantes que se sientan en la misma mesa que Ali, Tyson, Leonard, Durán o Mayweather. La lista de nombres que se podrían colocar por delante del Canelo son muchos: Marco Antonio Barrera, “Terrible” Morales, “Dinamita” Márquez, Salvador Sánchez, “Finito” López… y por delante de Canelo y de todos ellos, el auténtico César del boxeo, “El Gran Campeón Mejicano” Julio César Chávez.

La reconciliación de Canelo con su público y con la historia del box azteca pasa irremediablemente por la consecución de títulos conseguidos de manera épica frente a rivales de reconocido prestigio. En sus manos (más bien en sus guantes) y en él está entrar en el Olimpo de los grandes campeones de la noble ciencia del boxeo. Y ha de empezar ya. De momento, el próximo sábado 2 de noviembre tendrá una prueba de fuego, la pelea contra Sergeiy “Krusher” Kovalev. Para hacer frente a este ruso, Canelo tendrá que subir dos divisiones desde su peso natural (pasará de pelear normalmente en peso medio a peso semipesado) para intentar ganar un nuevo título en una cuarta división. Ante un reto que puede ser el más difícil de su carrera tras los duelos contra Golovkin, Canelo se aferra a sus cualidades, que resume en una sola frase: “la suerte y el talento se reparten por la mañana en los gimnasios”.

Juan Álvarez (Negrín)
Sobre el Autor / Juan Álvarez (Negrín)

Historiador y aficionado al boxeo y deportes de contacto. "El boxeo es el deporte de los desheredados, de los que poco o nada tienen; de los que creen que un solo golpe puede cambiarlo todo"