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Juice WRLD desafía al género sin esbozar una sola sonrisa

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Juice WRLD alcanza el #1 esta semana con su nuevo LP, logrando el récord de streamings de un álbum de R&B/Hip-Hop en lo que va de 2019, y solo superado en todas las categorías por Ariana Grande y su ‘Thank U, Next’.

Y es que, desde que salió su nuevo álbum el pasado 8 de marzo, su éxito se ha visto catapultado y esta inmejorable posición se venía pronosticando desde la semana pasada en Estados Unidos. Juice, con su nuevo título ‘Death Race For Love’ apunta ya a las 165.000 mil unidades (álbumes equivalentes a pistas, TEA, y álbumes equivalentes a la transmisión por secuencias, SEA) y ha materializado ya más de 43.000 discos tradicionales.

Jarad Higgins, nombre natural del cantante nacido en Chicago, jamás podría haberse imaginado hace poco más de un año que su nombre estaría en lo alto de esta lista. Vivía en los suburbios del sur de Chicago con su madre y trabajaba en una fábrica de piezas para coches. Empezó a subir música a SoundCloud como vía de escape de su propio malestar emocional, con canciones en las que hablaba de su relación temprana con las drogas o con el desamor. Así surgió, en 2017, su primer EP publicado ‘JuiceWRLD 9 9 9’.

Una estrella en explosión

Fruto de este éxito en SoundCloud, justo hace un año, concretamente en marzo de 2018, firmó un contrato millonario con las discográfica Interescope Records por valor de 3 millones de dólares. Apenas un año transcurrido desde entonces, se ha mudado de la casa de su madre en su barrio a una mansión en Beverly Hills donde lo tiene todo: novia, amigos, estudio, varias motos y hasta una pista de baloncesto.

Su primer disco lanzado por la discográfica ese mismo año nos hizo prever ya a Juice como una supernova a la que había que ir teniendo en cuenta en el firmamento de las estrellas de los raperos de Estados Unidos. Y es que este trabajo tuvo un éxito impactante, sobretodo si tenemos en cuenta que el hit ‘Lucid Dreams’ consiguió colocarse como nº 2 en las listas (Billboard Hot 100) y se mantuvo en ellas nada menos que 42 semanas. Además, sirvió a SoundCloud para asentar la confianza de los músicos independientes como puente hacia el mainstream, ya que esta fue la canción más escuchada en su plataforma en 2018 con más de 120 millones de reproducciones. Tampoco podemos olvidar su trabajo colaborativo con Future, ‘WRLD ON DRUGS’, también de 2018 y que se posicionó como nº 2 en el mes de noviembre.

Con este nuevo logro conseguido por el rapero de Chicago, volvemos a ver cómo se asienta en lo alto de las listas el Emo Rap. Y es que, desde hace ya un tiempo, somos testigos de cómo esta new wave se hace más fuerte, sobretodo entre la generación Z. Ellos, alejados de las tradicionales letras asentadas en las calles, prefieren escuchar canciones que hablan sobre sentimientos mucho más intrínsecos y más personales como la tristeza emocional. Además, fruto de su nacimiento como nativos de internet, su influencia estética y visual muchas veces se decanta por temáticas que se acercan a lo digital, como los videojuegos. Así, lo podemos ver en su última referencia audiovisual ‘Hear Me Calling’, en la que hace una alegoría estética al mundo del juego ‘Twisted Metal’, del que él mismo ha comentado ‘’es un pedacito de mi infancia’’.

La influencia de grupos de pop-punk de principios del 2000 es muy notoria en esta nueva generación de artistas. Jarad habla de grupos que escuchaba en su juventud, alejados del hip-hop, como Blessthefall, Black Veil Brides o Escape the Fate. Además, recientemente, explicó que jugaba mucho al ‘Tony Hawk’s Pro Skater’ y que de ahí viene mucho de su acercamiento a bandas de este género. Esta influencia, a la que se suma la corriente de desesperación existencial sufrida por los jóvenes, hacen de este sonido una de las principales apuestas de las grandes compañías estadounidenses. Precisamente, son estos nativos de internet los que más streamings generan.

Mucho más que un one-hit wonder

Aunque podíamos pensar que el nuevo disco reproduciría la fórmula del éxito ‘Lucid Dreams’, la mayoría de sus canciones tienden a distanciarse un poco de lo que conocíamos de Juice, quizás para demostrar que es un artista más versátil y que puede abarcar un rango mayor de posibilidades.

En esto puede que haya tenido que ver mucho el productor Nick Mira, con el que realizó dicho éxito, y que también produce el tema de apertura del disco, sustituyendo las clásicas guitarras por una tranquila aunque intermitente melodía de piano. Un tema que nos habla acerca de buscar y encontrar tu lugar en el mundo con la introspectiva de hallar respuestas dentro del alma cuando, en realidad, no hay nada que encontrar y donde la una pizca de sentido lo pueden aportar las drogas.

Siguiendo con el tema de las drogas, ‘Robbery’, nos muestra el cambio de estatus social que ha sufrido en un año el cantante. Sin embargo, ahora nos habla de que, ni este hecho ni la fama han conseguido llenarle de manera que consigan hacerlo más feliz. Y lo enlaza con el otro tema recurrente del disco, el amor, que afirma haber encontrado y al que admite ser adicto.

El habitual productor de Jay Z o Drake, Hit-Boy, presente en varias canciones del disco hace que el proyecto se aleje del plano de negatividad a la que nos acostumbra el de Chicago. Por ejemplo, con ‘She’s the one’, ofrece una batería enérgica que le pone en bandeja cantar todas las bondades que le ofrece su nuevo amor, y en ‘The Beas Knees’ le permite navegar sobre un ritmo para hacer a su peculiar manera una especie de ‘Sicko Mode’.

Con un álbum de 22 cortes y 72 minutos de duración en el que ha querido ser el principal protagonista, solo contando con las colaboraciones de Brent Faiyaz, Young Thug y Clever, la imagen de Juice WRLD se verá reforzada en su faceta de ‘sad boy’, al mismo tiempo que presenta oficialmente su candidatura a convertirse en una de las figuras que puede liderar la escena norteamericana en los próximos años.

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