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Assassin’s Creed: La caída de un mito

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Ayer viernes 23 de diciembre se estrenó la adaptación más esperada por los amantes del videojuego, Assassin’s Creed: La película, dirigida por Justin Kurzel de la mano de la productora Ubisoft y 20th Century Fox. Con mucha esperanza puesta en ella tras el gran sabor de boca que nos dejan siempre sus entregas, acudimos al estreno donde la magia se queda en humo y las cuchillas por los aires.

Este tipo de películas siempre se exponen a abrir la herida profunda que sufre el terreno de la adaptación, y aunque normalmente venga de los libros, las historias nacidas en videojuegos pronto acostumbrarán a dar el salto a la gran pantalla. Esta hermandad de géneros se encuentra aún en estado nonato y Assassin’s Creed’ hace prueba de ello. Un mar de dudas que pocos han conseguido resolverlas.

Intenta poner en situación a aquel que nada sabe sobre ‘Assassin’s Creed’ y poco le aporta al que ya conoce la saga. Todo se desvanece  alejándose del misticismo que llegó a crear su original y dejando tan solo acción y poca magia. Dos horas de un maremágnum de identidades en las que destacas Michael Fassbender y Marion Cotillard, que se repartirán en bandos de Templarios y Asesinos llegando a reducir la película a una pelea entre buenos y malos.

Assassin’s Creed es ciertamente confusa. Una superproducción fallida que nos hace creer que estamos viendo un capítulo especial de ‘Águila Roja’. Y no es una comparación casual ya que alrededor del 90% de la trama sucede en territorio español, centrándose en la Andalucía del siglo XV donde reina la Inquisición. Granada, Sevilla, Huelva y hasta un Madrid actual serán los escenarios elegidos, que aunque agradecemos y algunos se enorgullezcan al ver nuestros paisajes, se nos hace raro que una superproducción tan grande y de tanta repercusión mundial se convierta casi en castiza.

Tomando licencias sobre la idea original, exagerando y deformando su identidad, Assassin’s Creed entretiene por sus guiños pero no por sus avances. Sus recreaciones a vista de pájaro ayudan pero quedan bastante lejos de ser su máximo atractivo, echando de menos esa aura de misterio que Desmond y sus antepasados como Altaïr, Ezio nos dieron en los juegos.

Gracias al usual empobrecimiento del contenido y ensalzamiento de la técnica en las películas de acción modernas, deja notar su intención de meter en la sala a todos los públicos, jugadores o no, dando la bienvenida a todo aquel que quiera abonar la entrada y recaudar un buen dinero para prometer muchas entregas más de las necesarias. Su intención es clara, no muy honesta, pero es firme. La película roza el merchandising y promete continuar dando que hablar en los años venideros.

Aquellos que hemos jugado a todas las entregas hemos podido disfrutar y vivir conflictos en lugares históricos que jamás nos hubiéramos imaginado ver a un nivel tan real. Ningún videojuego ha conseguido lo de Assassin’s Creed y aunque actualmente la saga vague a la deriva sacando miles de ediciones y spin offs para todo tipo de plataformas, necesita volver al imaginario que llegó a crear.

Confirmada esta primera entrega como inicio de algo más grande, esperemos que el filme no se convierta en una saga mediocre y refrende su historia. Aún nos queda mucha memoria que desbloquear en el Animus.

Fin de la sincronización.

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