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Perfectos desconocidos: sexo, mentiras y WhatsApp

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No existe ninguna batalla que ganar a la tecnología. La guerra, por llamarlo de alguna manera, ya la perdimos hace tiempo, es más, ni siquiera participamos en ella. No hubo lucha, simplemente, nos ganó el progreso, nos vencieron los móviles y sus consecuencias. Los queridos celulares portátiles se inventaron para facilitarnos la vida a los humanos, creando una comunicación global instantánea y con ello la manera de alargarnos la sonrisa, sacudirnos la distancia y poder burlar al tiempo, como cantaba Ivan Ferreiro. Son una parte más de nuestra existencia, como bien se dice en la película, se han convertido en la caja negra de nuestro viaje por la vida, y en caso de accidente, será al aparatito en cuestión al que se recurrirá para saber lo que ha fallado y cuando esto suceda, rápido, revisa mentalmente lo que guardas en él. Recuerda esa conversación hot que no borraste, esa foto que no debería seguir ahí y qué quieres eliminar, pero no puedes parar de abrir y mirar cada día o aquel video de aquella noche… En definitiva, esos pequeños y grandes secretos que guardamos bajo la fortaleza inexpugnable de un password, un desliz de dedo o una huella digital.

Y es que todos tenemos secretos y también un móvil, porque sino menudo aburrimiento de existencia, y quien os diga que no tiene ninguna de las dos cosas, desconfiad de él o ella aún más si cabe, porque como trapeaba Kinder: “El malo no es tan malo ni el bueno tan bueno”, así que seguro que os ocultan algo oscuro. Y es en estos dos pilares, los secretos y los móviles, en los que se apoya fundamentalmente la historia de “Perfectos Desconocidos”, último trabajo y segundo después de “El Bar”, con el que nos deleita Alex de la Iglesia este año. Quizá el film menos personal de todas sus obras al tratarse de un remake, pero no por ello deja de ser uno de los mejores y mas redondos trabajos de la filmografía del realizador bilbaíno que adapta junto a Jorge Guerricaechevarría, una cinta original de 2016 dirigida por el italiano Paolo Genovese de título “Perfetti Sconoscuiti”. Después de visionar ambas, adelanto que si bien por momentos la copia es un calco exacto del original, se agradece en esta nuestra versión más ibérica, que Alex la dirija dándole su toque personal, sus pinceladas sobrenaturales y su ritmo terrorífico, pero sin caer en los excesos a los que nos tiene acostumbrados en la mayoría de los clímax que coronan sus películas, ni tampoco recurre a aquellos escenarios kafkianos y decadentes de algunos de sus primeros clásicos como: Acción mutante (1993), El día de la bestia (1995), Perdita Durango (1997) o La Comunidad (2000).

ORIGINAL VS REMAKE : TODOS GANAN PERO GANA ALEX

Si no has visto, oído o leído nada sobre la historia, ni de qué va todo esto. Primero: revisa si estas muerto. Segundo: vuélvelo a revisar. Tercero: busca el argumento en Google y no me jodas. Cuarto: hazme escribirte una pequeña sinopsis… Venga, eliges la cuatro, genial, lol, pues allá voy. En una cena entre cuatro parejas, que se conocen de toda la vida, se propone un juego que pondrá sobre la mesa sus peores secretos: leer en voz alta los mensajes, y atender públicamente las llamadas que reciban en sus móviles durante la cena. Copiadita de Filmaffinity. Yo añado que todo transcurre bajo los influjos de un eclipse de Luna. ¿Y qué? ¿Os mola el jueguito de los móviles? ¿Queréis probar en la próxima cena con vuestras parejas y amig@s? Venga, pues al lío. El que no tenga un secreto que ocultar que se lo busque.

Porque el resultado de todo esto, es un hype de comedia que gana en risas en la versión hispana, mientras que en la italiana se dominan mas y mejor los elementos del drama con una interpretación costumbrista, naturalista y realista, al contrario que la española donde los elementos fantásticos son mas protagonistas a lo largo del agradecido excéntrico metraje. Pensar que la trama transcurre en una sola estancia con distintas localizaciones dentro del mismo espacio, lo que viene siendo un salón con su terraza y su cocina americana. El hecho de que la narración esté dividida en tres actos, acerca a la cinta aún mas, tanto por el espacio como por la estructura, al teatro, esto está resuelto de diferente manera por los dos directores, mientras que con Genovese se ejecuta técnicamente hablando, un rodaje mas enfocado a la teatralidad, con De la Iglesia, se fluye en la dramatización de los encuadres mas propia del cine. Partiendo de la base que ambas son películas y por lo tanto ambas son cine, la de Alex, es más cine.

Utilizando un símil pugilístico, si esto fuera un combate de boxeo y la película durase tres rounds, ganaría Alex por dos a uno, a mi entender, comparándolas y diseccionando sus partes, se puede decir que los dos primeros actos del remake son brillantes hasta el clímax, con risas nerviosas, carcajadas, histeria contenida y explosión de situaciones comprometidas en las que en mayor o menor medida tod@s nos podemos sentir identificad@s. Es en el tercer y último acto donde puede que el bueno de Paolo le gane la mano a nuestro querido Alex, ya que el italiano rueda con un tempo mas pausado todo el metraje, ayudado a veces por paneos laterales ciertamente cansinos, pero es este tempo el que le ayuda a llegar a la parte final con un mejor ritmo medio para cerrar todas las subtramas abiertas previamente de los personajes, solucionando los conflictos con plasticidad y tomándose sus licencias a placer. Por el contrario y como si de una navaja de doble filo se tratase, la adaptación española, eleva tanto y tan bien el ritmo de los acontecimientos en una progresión de situaciones in crescendo que llega a un clímax demasiado extremo y perfecto en el momento de caer al tercer acto, de ahí la sensación de menor impacto en la resolución de las subtramas y una ligera dispersión de contundencia en la parte final, decir que ambas poseen finales sorprendentes, diferentes pero iguales, ahí lo dejo.

BUEN GUIÓN + BUEN DIRECTOR + BUEN REPARTO = TAQUILLAZO

No sé si lo dijo John Ford, Ernst Lubitsch o Billy Wilder, aquello de que para hacer una buena película solo se necesitaban tres cosas: un buen guión, un buen guión y un buen guión. Esta claro que “Perfetti Sconoscuiti” lo tiene, pero, su adaptación “Perfectos Desconocidos” lo convierte en excelente. Destacar la gran dirección de actores, tanto en una cinta como en otra, pese a todo me sigo quedando con el reparto español, con unas interpretaciones corales que por momentos rozan la puta magia y, sobre todo, porque sencillamente me hicieron reír toneladas de veces mas. Por supuesto mención especial a Ernesto Alterio, que si bien tiene un caramelito de personaje también es suyo el mérito de haberlo actuado y llegar a provocar el nivel de risas incontrolables que nos provoca. Junto a el, un genial y contenido Pepón Nieto, un correcto Noriega y un Eduard Fernandez que básicamente es Dios. Un lujo ver actuar a Belén Rueda, que lo borda tanto en la tensión dramática como apoyando la comedia. Una estupenda Dafne Fernandez como la millenial traviesa, que le enseña el culo a la luna (si, si, varias veces) y que será la que propondrá el macabro juego y, por último, Juana Acosta exquisita dominando los diferentes picos de intensidad que nos regala su personaje, todo un lujo.

Y es que al final, todo lo que hemos hablado antes se traduce en cifras, y el hecho de que en su primera semana de estreno el film compitiese en millones y muchos con la Pixarpoderosa peli de Disneyanimation, Coco (2017) es muestra de que las cosas se han hecho bien. Añadir un potente y dinámico montaje, que utiliza recursos del cine mudo para crear un suspense al más puro estilo Hitchcock que ayuda a la historia a explicar el planteamiento principal con miradas, silencios, gestos y complicidades de los protagonistas. En resumen, una deliciosa y divertida pieza audiovisual vestida de ruleta rusa de desconfianza y secretos donde en vez de una pistola, el arma del macabro juego que nos propone Alex de la Iglesia es un simple e inocente móvil. Llega el primer WhatsApp, suena el primer disparo. La luna se tiñe de sangre. Tú eres el siguiente. ¿Juegas?

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