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Black Mirror: detrás del espejo

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El futuro ya está aquí, de nuevo. El reciente estreno de la tercera temporada de ‘Black Mirror’, el rompecabezas creado por Charlie Brooker, que para este año cambia de Channel 4 a Netflix, vuelve para dar que hablar e imaginar sobre mundos futuros y nuevas realidades tecnológicas.

H.G Wells, A. Huxley, R. Bradbury e incluso Orwell obraron firmemente para conformarse como los creadores de un gran imaginario colectivo sobre mundos distópicos y realidades paralelas que aún perdura en el tiempo. Las temáticas futuristas sobre realidades virtuales se han mantenido a la orden del día con buen estado de forma, películas como ‘Origen’ o ‘Interstellar’ han ayudado a que la ciencia ficción sea consumida en masa y se convierta en uno de los géneros más demandados del cine moderno y el correspondiente mundo de las series.

Pues gracias a todo este universo de fábulas, puzzles y mundos nuevos que habitar surge ‘Black Mirror’, una mirada ácida sobre la humanidad decidida a ser la mejor mini-serie formada por mini-películas. Adopta diversas apariencias y diversas formas, siendo la mayor parte de ellas lecciones morales donde se perpetúa lo más oscuro de nuestra sociedad actual. Pequeños agujeros negros reflejados en un espejo donde no queremos vernos.

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Cambiando su formato de tres capítulos por temporada, esta vez recibimos seis entregas donde encontramos al mejor ‘Black Mirror’, pero también a su peor versión. ‘Caída en pícado’ (3×01) nos habla sobre la obsesión compulsiva de valorar y puntuar todo lo que nos rodea. ‘PlayTesting’ (3×02) nos lleva a  la escenificación de una realidad virtual cada vez más plausible y tangible. El mundo hacker y sus conocidos chantajes se escenifica angustiosamente en ‘Cállate y Baila’ (3×03) y ‘San Junipero’ (3×04) nos conmueve entremezclando nuevos futuros y pasados en pequeños paraísos. ‘La ciencia de matar’ (3×05) une la brutalidad militar y las diferencias sociales en una estética de Call of Duty, y por último ‘Odio Nacional’ (3×06) pone en escena una de los pasatiempos más recurrentes de la actualidad, la violencia mediante las redes sociales.

La multitudinaria y divergente cohesión de directores, actores, tramas y estilos cinematográficos en estos seis capítulos hacen de esta tercera entrega una buena temporada en su conjunto, aunque quizá sea la serie donde menos importe su globalidad, ya que cada capítulo se conforma como un mundo paralelo al anterior y a su predecesor. Pero ciertamente en esta temporada encontramos historias más negras y oscuras que en las anteriores entregas, vemos más crítica y menos dulce.

Gracias a la magnificencia de estos relatos y su característica manera de contarse, su forma técnica no es cuestionable, pero puede que su intención a veces sí lo sea. ‘Black Mirror’ se hace grande cuando experimenta con el poder de la imaginación, con esos futuros imposibles y realidades humanísticas. Y sin desmerecer sus contingentes reproches morales, siendo estos un bien necesario, es deliciosa cuando nos hace pensar e imaginar en aquellos mundos alcanzables como sociedad y tomar consciencia verdadera sobre la proyección que puede tener la tecnología.

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Heroicamente ha fraguado una identidad, una personalidad donde convergen demasiadas ambivalencias, encontramos sátiras e ironías, moralidad y alienación, chantajes y redes no tan sociales, presidentes en forma de holograma y una versión del Gran Hermano que roza lo macabro. Y aunque haya abandonado en gran parte su acento british por una tonalidad más americana propia de Netflix, ‘Black Mirror’ sigue siendo el foco de atención y se ha ganado a pulso ser una de las series más admiradas.

Sabemos que el próximo año habrá nueva entrega y también sabemos que seguirá siendo vilipendiada con saña, pero aún con sus críticas mordaces, nos alegramos de que haya vuelto para dar que pensar, hablar o debatir y de esta forma mirarnos un poco más en el espejo de lo que somos.

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